Como ya sabéis, en la madrugada del pasado 24 de enero, se dieron a conocer las nominaciones de la próxima ceremonia de los Oscar, siendo nominado el último trabajo de Woody Allen a mejor guión y dirección.  Me refiero lógicamente a Midnight en Paris, la película de la que hoy toca hablar.

Estos últimos años, se le criticaba a Allen de haber empezado a chochear. Se le tachaba de que en sus trabajos más recientes había perdido un poco el rumbo y la frescura. Vicky Cristina Barcelona (2008) fue un auténtico fiasco. La película, que más que una película parecía un anuncio largo turístico de Barcelona, dejó mucho que desear. Un guion muy flojo, unas interpretaciones – excluyendo a Penélope Cruz – insípidas y un desarrollo en general bastante lamentable situaban a este trabajo como, seguramente, el peor del director neoyorkino hasta la fecha.

Le siguieron Si la cosa funciona ( 2009), un trabajo mucho más completo y que recuerda al Woody Allen clásico de Annie Hall o Manhattan, aunque sin alcanzar la maestría de estos clásicos, y Conocerás al hombre de tus sueños, una película correcta pero en la que se respira cierto agotamiento del director.

Finalmente, Allen vuelve a levantar cabeza con Midnight in Paris, y de qué manera. Y es que su última película, rodada en la capital francesa,  vuelve a ser cine cien por cien Allen. De nuevo, a sus 87 años, Woody vuelve a estar en forma presentándonos un trabajo donde trata con maestría sus temas recurrentes favoritos (crisis de pareja,  existenciales o creativos, el amor, la muerte…) y bañándolo todo con la magia parisina. Un trabajo que bien puede recordarnos vagamente a La Rosa púrpura del Cairo (1985), por esa fantasía que emanaba la cinta.

En esta ocasión, el director nos cuenta una historia que oscila entre lo fantástico y lo real, protagonizada por  este nuevo alter-ego (Owen Wilson), un guionista falto de inspiración que descubre que puede viajar durante su estancia en París, cada medianoche, a los maravillosos años veinte y codearse con los artistas de la época: Dalí, Hemmingway, Buñuel, etc. encontrando así su inspiración nuevamente gracias a ese giro hacia el realismo mágico.

En Midnight in Paris se nos muestra una curiosa  paradoja: por un lado, en ella se celebran los clichés de una ciudad que Allen adora tanto como Nueva York y, por otro, siente la necesidad de desmontar la dimensión simbólica de esos clichés, materializada en un dream team de la vida bohemia del París de los años 20 que parece un parque temático para intelectuales de pacotilla, y que Allen recrea sin miedo a hacer el ridículo.

En definitiva, Midnight in Paris supone el regreso de un peso pesado que traduce toda la experiencia adquirida durante años en un trabajo de síntesis realmente envidiable. Un trabajo que sin duda merece la pena.

Para los que aun no habéis visto la película – y deberíais – aquí podéis ver el tráiler:

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¿Y vosotros qué opináis? ¿Creéis que el bueno de Woody se llevará alguna estatuilla este domingo? Es más, ¿pensáis que acudirá a la gala y se perderá uno de sus míticos conciertos de jazz? ¡Atreveos a contárnoslo!

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