No amigos, no hemos perdido el norte y nos estamos confundiendo de nombre y título. Aunque últimamente el asesinato de Rosie Larsen en la recién cancelada The Killing haya estado en primera plana, esta miniserie inglesa sonó con fuerza en el país vecino hace algunos años. Y muy merecidamente, debo añadir. Precisamente ahora, cuando el periodismo está siendo acribillado lentamente con los despidos de varios periodistas de la televisión y radio pública, se hace más merecedora la recomendación que hoy os traemos. Porque además de ser un thriller político perfectamente escrito e hilado, es sobre todo un alegato en favor del periodismo.

Allá por el año 2003, la BBC estrenó esta miniserie en la que un pequeño grupo de periodistas del periódico “The Herald” se interesa por dos aparentemente inconexos asesinatos en Londres. Poco a poco van descubriendo que hay mucho escondido bajo la alfombra, que poco de lo que el Gobierno inglés y los partidos políticos dicen es verdad y que la figura del cabeza de turco es más común de lo que querríamos pensar. Escrita por la mente pensante que hay detrás de ShamelessPaul Abbott– y por el director que más películas dirigió de la saga Harry Potter –David Yates-, la miniserie nos coloca frente a frente al periodista Cal McCaffrey y al político Stephen Collins, dos viejos conocidos que vuelven a econtrarse en la más extraña de las situaciones.

Inevitablemente, como buena consumidora de televisión que soy, me es imposible no contaros los “reencuentros” más curiosos que se dan aquí. Porque en State of Play coinciden John Simm y Philip Glenister, antes de su paso por Life on Mars; y además, participan en ella varios actores que luego se dejarían ver por Doctor Who: nuevamente John Simm, David Morrissey y Bill Nighy. Y a mayores de los actores arriba mencionados, el resto del reparto lo completan dos jóvenes actores que hoy en día están  en boca de todos: Kelly Macdonald, vista en Boardwalk Empire –que además pone la voz original a la protagonista de Brave, la última de Pixar, y James McAvoy, que luego aparecería en Shameless (UK).

Y para variar, los americanitos -faltos de ideas- se entusiasmaron con la historia y adaptaron los seis capítulos que dura la miniserie en una película de dos horas de duración. ¿Y qué consiguieron? Perder emoción y calidad interpretativa a montones. Un sobrevalorado Russell Crowe y un apático Ben Affleck toman las riendas de la historia, como el dúo base de la historia. Habiendo visto las dos, os recomiendo no perder el tiempo con la película. No hay nada como ver a un enfurecido Bill Nighy empeñarse en sacar adelante una historia que compromete a unos pocos privilegiados, pero que logrará quitar la venda una sociedad entera. ¿Animados a verla?

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