Juguemos a tornar la realidad en ficción. Mejor todavía. Juguemos a reconvertir la ficción en ficción. Las prisas del día a día nos hacen olvidar en muchas ocasiones que el cine no es más que un juego; un diálogo interactivo entre director y espectador con una pantalla como medio. Nosotros, humildes cinéfilos, pagamos por recibir un mensaje a la carta entre el surtido de productos que nos ofrece la cartelera semanal. Drama, comedia, musical, aventuras, infantil, aventuras… Para gustos, colores, y para géneros, autores. Uno de esos autores de referencia es sin duda George Lucas, un temerario estadounidense que cambió él solito la historia de la ciencia ficción allá por los años 70.

A bordo de su productora LucasFilm, en 1977 publicó el que sigue siendo su proyecto estrella: Star Wars: una nueva esperanza. Nada volvió a ser lo mismo. Los niños querían ser Jedis, los padres se sentían como Siths, los sabios se convirtieron en Yodas y digamos incluso que el perro podía ser Chewbacca. Y las princesas. Ay, las princesas… Ellas se mantuvieron fieles al prototipo de inocente fierecilla desencantada y con rostro angelical que Disney había moldeado a su antojo. Y así fue la historia durante los últimos 35 años… hasta ahora. Disney ha anunciado la compra de LucasFilm por la estratosférica cifra de 3.124 millones de euros y lo que es peor, ha anunciado que en 2015 saldrá el séptimo episodio de la saga.

Sí, Disney. La factoría que promulga la antiviolencia. Esa que no acepta —o no aceptaba— ni una gota de sangre en sus metrajes. ¿Cómo se tomarían esos cándidos pequeñajos de cada casa si, en vez de encontrarse con unos gatos cantarines, se encuentran con un superhéroe freak intergaláctico al que le cortan un brazo con una espada láser?. Mi cerebro solo alcanza a ver antítesis y contradicciones cinematográficas. ¿Reconversión de la historia? ¿Tal vez destrucción de la historia? Y las princesas… Ay, las pobres princesas… ¿Qué será de la impetuosa Leia?

Leia Organa (Carrie Fisher). Leia Skywalker. Hija de Padme Amidala (Natalie Portman) y orgullosa esposa de Han Solo (Harrison Ford). ¿Os la imagináis tomando unos románticos espaguettis a la luz de la luna? Incido en el concepto demasiado, lo sé. Todos conocemos la filosofía de Disney y todos conocemos la filosofía de LucasFilm. Cada uno ha sido exitoso a su manera, pero por separado. A lo mejor juntos también se complementan como sucedió en su momento con Pixar… o a lo mejor no. A lo mejor se destruye todavía más un mito de la ficción. Un mito de la ciencia ficción. Un mito de una ficción tan real que mueve miles de millones de euros cada año. Ahora más que nunca, que la fuerza te acompañe, señor Walt Disney.