Cuando la mayoría de los actores tienen en realidad más años de los que aparentan —cosas del bottox—, John Slattery es la prueba de cómo se puede explotar justo lo contrario para tener éxito. Nacido en 1962 y con 50 añitos recién cumplidos, creo que si nos pusiésemos a especular, nadie le echaría solamente dos más que a Clive Owen, uno más que a Brad Pitt o incluso los mismos años que a Tom Cruise. Pues los tiene. Canoso precoz y con un fuerte acento bostoniano, fue con Mad Men donde este norteamericano alcanzó la fama y el reconocimiento global a toda una carrera dedicada a la interpretación, con cuatro nominaciones consecutivas a los premios Emmy incluidas.

Si compartes cuota de pantalla con uno de los personajes más carismáticos, con diferencia, de las últimas dos décadas como Don Draper (Jon Hamm), es complicado hacerse un huequecito en las mentes de los espectadores. Sin embargo, su papel de Roger Sterling es capaz de antojarse como imprescindible en el producto con más calidad de la cadena AMC debido a su humor irreverente, su continua afición por la bebida e incluso su pasional actitud ante el género opuesto. Socio fundador de la Sterling-Cooper-Draper-Pryce —aunque ahora el apellido de Pryce está un poco colgado, ya me entendéis—, este veterano militar de la Guerra de Vietnam no duda ni un segundo si en la conversación aparece mencionada la palabra “fiesta”. Y precisamente, en una de ellas nos dejó un momento seriéfilo para la posteridad durante esta reciente quinta temporada:

La relación con su mujer Jane (Peyton List) cojea más que el anciano Bert Cooper (Robert Morse). Es por eso que, casi como terapia de choque a modo de último recurso, deciden unirse juntos a un buffet libre improvisado de LSD durante una particular celebración de la jet set. Esta escena, psicodélica a más no poder, es toda una metáfora de lo que representa Mad Men: seria como los ejecutivos trajeados que la protagonizan, pero desenfadada e imprevisible en cuanto salen de su ambiente de trabajo. Una especie de Jump the Shark que podría haber acabado en fracaso, pero que una vez más logró dejarnos boquiabiertos ante tal lucidez narrativa.

Aquí va la escena completa. Atentos a los señores drogadictos, que no tiene desperdicio alguno:

.

 

.

Esta curiosa diversión a base de estupefacientes ha sido además elegida recientemente por la revista Rolling Stone como el mejor momento televisivo del año 2012. A ver, ya sabemos que la publicación ¿musical? no atraviesa por su mejor momento, pero ¿pensáis que han acertado al destacar esta por encima de todas las demás? ¡Cualquier excusa es buena para saciar nuestras ganas de que por fin llegue la sexta temporada!

.

.