Siempre he pensado que lo peor que te puede ocurrir con una película es que te deje indiferente. Y en ese sentido el cine del austríaco Michael Haneke me parece muy estimulante. Amour (2012) ha pasado por distintos festivales y cosechado una buena fama antes de estrenarse en salas comerciales. Cinco nominaciones de las gordas al Oscar, Palma de Oro a Mejor película en el Festival de Cannes, y también se hizo con ese galardón en los Premios del Cine Europeo pasando por encima de grandes obras del año pasado como Shame e Intocable. Con este precedente, las expectativas eran altas y lo cierto es que lejos de decepcionar vuelve a hacer lo que mejor sabe, remover por dentro al espectador.

Amour cuenta una historia sencilla, la de un matrimonio octogenario, Georges (Jean-Louis Trintignant) y Anne (Emmanuelle Riva), que vive en París, mientras que Eva (Isabelle Huppert) es su hija. No deja de ser a grandes rasgos un retrato sobre la vejez y la muerte, en un momento de la vida en la que esta cobra lógicamente una gran importancia. Y la sinopsis ya vaticina un filme duro y difícil de ver.

En el apartado actoral cabe destacar, sobre todo, la interpretación de Emmanuelle Riva, que sabe transmitir absolutamente todo lo que siente su personaje haciendo estremecerse al espectador, junto a un Jean-Louis Trintignant que está a la altura de su compañera de escena en todo momento. Del mismo modo, Isabelle Hupbert (La pianista), habitual del cine del realizador, no defrauda tampoco en el papel de hija del octogenario matrimonio.

Haneke con su habitual dirección, cruda y seca, siempre sabiendo colocar la cámara sin artificios de ningún tipo, se encarga de hacer al espectador partícipe y observador más íntimo de la vida del matrimonio. Una puesta en escena impecable que ejecuta a la perfección las intenciones del realizador. Unos cónyuges que han pasado toda su vida juntos y ahora les viene encima una última gran prueba de amor; cuidar el uno del otro hasta las últimas consecuencias y con todo lo que ello supone.

La película se hace difícil de visionar, porque el cineasta no obvia nada y en ese sentido es palpable el realismo y crudeza con la que alcanza a hablar sobre uno de los grandes temas de la humanidad como es el amor. Un sentimiento que ha sido abordado de muchas formas en el cine y que en este caso explora la capa más sacrificada, más triste, difícil y quizás incómoda, pero en cierto modo también la más bonita y absoluta de todas.

Porque Haneke, que nos tiene tan acostumbrados en sus largometrajes a sacar las miserias del ser humano, lo que somos capaces de llevar a cabo como animales, que en definitiva nunca dejamos de ser, ahora decide explicarnos una historia que en su envoltorio puede parecer igual de cruda que sus anteriores relatos, pero curiosamente esconde un mensaje inmensamente bonito y optimista sobre la larga vida vivida y el amor. Y es que el austriaco, probablemente, no lo sabe hacer “mejor”.

Cuando os hablo en el título de “insoportable prueba de amor”, lo hago en el mejor de los sentidos. A nadie engaña que el cine de Haneke es incómodo, difícil y desagradable, pero esta vez ha ido un poco más allá y se puede apreciar ese halo de esperanza en un drama crudo, potente y muy emocional.

¿Ganas de ver la nueva y esperadísima obra del director?

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