lasinvasionesbarbarasPocas segundas partes pueden presumir de tener un Oscar del que carece la cinta original. En 2003, representando a Canadá, el francés Denys Arcand alzó al cielo de Hollywood su premio a Mejor Película de Habla No Inglesa como director de Las invasiones bárbaras. No se trata de una película histórica, ni siquiera bélica, sino de una obra con poesía en sus intenciones.

Es una excelente metáfora sobre cómo los ideales y aquellas verdades por las cuales merece la pena vivir están muriendo con las personas que un día creyeron en ellas. Una de estas personas, Rémy, interpretado por Rémy Girard, afronta sus últimos días, aquejado de un cáncer terminal, rodeado de una generación que intenta que el tiempo no les cambie. Un tratado moderno que muestra cómo las modas, alentadas por el dinero, se acaban imponiendo. Aquellas grandes muestras de filosofía, procedentes de estos mismos personajes, dan ahora sus últimos coletazos. Para ver la versión joven de estos pensadores hay que remontarse a El declive del imperio americano, realizada en 1986 por el mismo director, la cual ya recibió en 1987 una nominación al Oscar que finalmente conseguiría su secuela casi 20 años después. Otro punto fuerte es que se puede admirar esta película cargada de emociones y recuerdos sin necesidad de haber visto la primera.

Conflicto generacional

invasionesfoto_5169

Ante el mal tiempo, buena cara, y la ex mujer de Rémy hará lo posible por reconciliar a este con su hijo, Sébastien (Stéphane Rousseau), del que se encuentra distanciado. Pese a las diferencias y encontronazos que surgieron y siguen apareciendo entre ellos, Sébastien hará lo posible para que los últimos días de su padre sean de los mejores de su vida. No será fácil cuando no es capaz de perdonarle por engañar a su madre, aunque todos, conforme a su pensamiento liberal, lo encajaron sin dificultades.

Otro punto candente es el de la marihuana terapéutica, administrada por medio de la hija de la antigua amante de Rémy, una yonkie que sirve a ambos para sobrevivir e identificarse mutuamente. Lo mejor, una obra sin complejos, de seres humanos auténticos que hablan de filosofía, política, sexo, amor y vida. Lo peor, quizás hay un exceso de metafísica y de charla en algunas situaciones en donde las emociones y la melancolía deberían aflorar con mayor naturalidad.

Con un final brillante, el guion nos regala algunas frases y joyas que no tienen desperdicio, aunque, salvando los actores principales, el reparto quede un poco cojo por la falta de sentimientos que parecen mostrar algunos amigos del protagonista. Por otro lado, hay una simbiosis interesantes a partes casi iguales entre momentos dramáticos, de ternura y de comedia simpática en una trama que remueve con verdades como puños la conciencia de la historia.

.

.

Las invasiones bárbaras es un descubrimiento agradable y conmovedor para los amantes del cine. Además del Oscar, consiguió tres premios César a Mejor Película, Director y Guion original, y dos en el prestigioso Festival de Cannes, al Guion y a la actriz canadiense Marie-Josée Croze, quien hace el papel de yonkie. Una película que supone un dulce amargo, de los que dejan sabor duradero. ¿Qué os pareció a vosotros? ¿Os gustó? ¡Contadnos vuestras impresiones!

.

.