Ladron_de_bicicletas-985524054-largeEl Oscar a Mejor Película de Habla No Inglesa es un premio muy prestigioso, pero antes de 1956, año en que comenzó el actual sistema de elección de candidaturas, era más meritorio recibirlo, pues se concedía como título honorífico que reconocía la contribución cinematográfica y el valor especial de la obra. En 1948, Vittorio De Sica recibía esta distinción por la considerada como una de las 20 mejores películas de la historia: Ladrón de bicicletas, vivo documento de amarga verdad.

El neorrealismo fue un movimiento surgido en Italia, consistente en que los directores ruedan con actores no profesionales la situación contemporánea, en una época en la que acababa de terminar la Segunda Guerra Mundial y la miseria y la pobreza campaban a sus anchas. Los figurantes actuaban como en su vida normal moviéndose junto a los protagonistas, asemejándose a un documental fidedigno de la realidad. La puesta en escena es mínima y se sustituye por las calles de la ciudad.

El máximo exponente de esta corriente, que aglutinó a directores de la talla de Rossellini, ViscontiAntonioni, es esta obra maestra de De Sica, director con cuatro Oscars y realizador de otras obras como El limpiabotas (1946) o Milagro en Milán (1951).

La cruda realidad

ladron de bicicletas

Enzo Staiola y el joven Lamberto Maggiorani en una escena de ‘El ladrón de bicicletas’.

En plena posguerra de Roma, Antonio Ricci es un hombre en paro, como más de la mitad de la población, que se agolpa en filas y muchedumbres para ser seleccionado por aquellos que buscan trabajadores para encargos puntuales. En una ciudad donde se distinguen, con diferentes escenas y secuencias, ricos y humildes, consigue un trabajo pegando carteles para el que es necesario una bicicleta. Una vez dispone de ella, alguien se la roba, y con su hijo Bruno pide ayuda para encontrarla, pues del vehículo depende su puesto. La hipocresía y la injusticia reinan en todo tipo de sociedades y cuando las circunstancias aprietan, los más bondadosos son los más perjudicados, aunque es peor cuando se ven obligados a actuar mal por necesidad.

La historia está basada en la novela de Luigi Bartolini, pero el guion es de otro emblemático del estilo, el guionista Cesare Zavattini, quien participó en más de 80 películas y en las mejores producciones del neorrealismo y de los directores mencionados unas líneas más arriba. El montaje y los planos son el elemento diferenciador de esta corriente, y De Sica supo sacarle partido para mostrar diferencias y detalles que retratan con maestría qué tipo de persona o de situación es la presente.

Pese a la falta de tablas en estos repartos, una ventaja de estas colaboraciones interpretativas es la sencillez que se transmite, como si fuera un día más en sus vidas. Es encomiable el trabajo del niño y el padre protagonistas, Enzo Staiola y Lamberto Maggiorani, respectivamente, con los que uno se identifica al ver lo unidos que se encuentran y lo injusto que puede ser el destino. Ladrón de bicicletas es la película perfecta de la posguerra, una obra redonda que retrata la verdad de un mundo imperfecto.

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Tal fue el impacto de Ladrón de bicicletas que el franquismo censuró una escena sobre la iglesia y se edulcoró de manera muy burda su final, añadiendo una voz en off que hablaba de la caridad cristiana. Pese a las manipulaciones vistas en España, la cinta de De Sica sigue siendo una obra inmortal, como el resto de su filmografía, y para muchos es una de las mejores realizadas nunca. ¿Qué os parece a vosotros? ¡Comentadnos vuestras impresiones!

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