1940_The_Great_Dictator_US01_2031x3000Como motivo de los 124 añazos que hubiese cumplido la semana pasada, queremos dedicar un post especial al siempre excelente Charlie Chaplin y para ello hemos elegido una de sus películas más emblemáticas ‘El Gran Dictador’ (1940), dirigida, escrita, protagonizada y producida por el propio artista británico. Ha sido reconocida como un cruel presentimiento de lo que en esos mismos años estaba —o estaría— ocurriendo en Europa, y es que esta cinta nos narra la historia de un barbero judío que, tras quedar amnésico durante la guerra, regresa a su ciudad natal años después donde todo ha cambiado: su barrio ha sido convertido en un ghetto y su país es gobernado por un tirano. El curioso parecido que tienen el dictador y el barbero les llevará a protagonizar una peripecia al más puro estilo de ‘El principie y el mendigo’, de Twain.

Por todos es sabido que este brillante largometraje resulta ser el reflejo caricaturizado de los dirigentes autoritarios que en ese momento gobernaban Europa, ya que no solo Hitler está personalizado en el antagonista de esta historia, Adenoid Hynkel –cuyas iniciales también coinciden con las del dictador germano-, sino que otros personajes históricos como Mussolini (como Benzino Napaloni) o Goebbels (como Garbitsch) quedan también retratados. Esto nos lleva a plantear la inevitable pregunta ¿acaso no existe cierto parecido físico entre el genial Chaplin y el mismísimo Hitler? Obviamente, el parecido físico es evidente y ese mismo hecho fue el que empujó al cineasta a hacer esta cinta que se ha quedado en la memoria de todos aquellos que la hemos visto. Esta es una de las muchas anécdotas que se conocen del film, pero también está cubierto de cierta leyenda, siendo la más reseñable el hecho de que, pese a haber sido censurada en territorio europeo, Hitler tenía en su poder una copia que llegó a ver, no solo una vez, sino dos veces. Sin embargo, nunca corrieron rumores de su opinión al respecto.

El Gran Dictador’ es, además, la primera película completamente sonora del director y gracias a ello se nos regala uno de los mejores discursos de la historia del cine. No obstante, no hemos querido destacar este conocido fragmento de la cinta, sino que nos hemos decantado por unas imágenes que con muy pocas palabras son capaces de decir mucho. Hablamos de la escena en la que se nos muestra como el caudillo de Tomainia se acerca con sigilo y gesto ávido a un enorme globo terráqueo al que, antes de sostenerlo entre sus manos, le dice: “¡César o nada! ¡Emperador del mundo! Mi mundo…”. Tras lo cual, comenzará a jugar con esta representación del Planeta, lanzándolo por los aires a su placer como si un baile se tratase. Finalmente, para desgracia del Hynkel, el globo se rompe entre sus manos. Revelador, ¿verdad? Os la dejamos aquí para que la recordéis:

¿Qué opinión tenéis de esta cinta de Chaplin? ¡Contádnoslo!

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