La-huellaEl crimen perfecto. Esa obsesión de la malvada naturaleza humana, tan inquieta como siniestra. Incluso el maestro del suspense, Alfred Hitchcock, se quedó a las puertas de lograrlo con su homónima película. Sin embargo, lo que sí abundan son los personajes que se dejan llevar por un afán de saberse todopoderosos, pero ninguno como Andrew Wyke, alias del británico Sir Laurence Olivier. El actor habría cumplido hoy 106 años, y por ello queremos homenajearle recordando su papel junto a otro grande, Michael Caine, en el que posiblemente sea el film de intriga mejor valorado: La huella (1972).

La historia nos sitúa en una elegante mansión de la campiña inglesa, donde el escritor de novelas policíacas y de misterio, Andrew Wyke (Olivier) recibe la visita de un extraño personaje, un italiano que regenta varias peluquerías, Mino Tindle (Caine), aficionado a la lectura pero que tiene una propuesta que hacerle  relacionada con su esposa. Lo que comienza como una apacible charla sobre literatura, crímenes e hipótesis, va descubriendo lentamente las ambiciones y perversidades personales, ya que la conducta humana, aunque oculta, siempre busca algún propósito. El plan más siniestro y la idea más rocambolesca tienen cabida cuando los dos hombres terminan odiándose mutuamente y buscando al mismo tiempo vencer mental y psicológicamente a su adversario.

Atención también a los autómatas y juguetes que inundan las estancias de la residencia del señor Wyke, que no hacen sino dar un toque macabro y surrealista a la situación. La película, de éxito en su momento, ha envejecido muy bien, como el vino, desde el mismo momento en que fue adaptada de la versión teatral que la originó.  Parte de ese mérito está en que fue Anthony Shaffer, autor original del drama, quien adaptó el guion a la pantalla. Así, y pese a ser una película, en todo momento se puede respirar el aroma a teatro e interpretación.

Una cinta única e inimitable

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La cinta obtuvo cuatro nominaciones a los Oscar, entre ellas una a Mejor Director para Joseph L. Mankiewicz y dos para los dos protagonistas en la misma categoría, Mejor Actor, aunque el premio se lo llevó ese año una actuación histórica, la de Marlon Brando en El Padrino. Mankiewicz, afamado realizador de otras joyas como Eva al desnudo (1950), Julio César (1953) o Cleopatra (1960), supo poner la pausa a la acción y el dramatismo con escenas que, mientras creaban tensión, inquietaban. Lo demás corría por cuenta del guion y de dos intérpretes en estado de gracia. Lo que muchos pueden considerar un largometraje lento, otros lo consideran una obra maestra del ingenio y del suspense.

En 2007, Kenneth Branagh, director de Hamlet (1996) intentaría repetir fórmula con el remake de La huella, en el que ahora era Michael Caine quien hacía de Andrew Wyke y su papel anterior era para Jude Law. Evidentemente, no se pueden comparar ambas producciones. Y para terminar de enredar el círculo, curiosamente, Branagh conseguiría una nominación al Oscar por hacer de Laurence Olivier en la película biográfica Mi semana con Marylin (2011).

Laurence Olivier y Mankiewicz son dos de las claves de por qué estamos ante uno de los films más aclamados y más interesantes del siglo XX. Olivier moriría en 1989, tras una carrera en la que se incluyen 12 nominaciones a los Oscar, ninguna victoria en competición y dos premios de la Academia Honoríficos. 106 años después de su nacimiento, recordamos al gran actor británico de Hamlet (1948), Espartaco (1960) u Otelo (1966) por estas páginas. ¿Con cuál de sus películas os quedáis? ¿Qué opináis de La huella? ¿Existe el crimen perfecto?

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