kill bill behind the scenesEn este nuestro fin de semana especial sobre Kill Bill con motivo del décimo aniversario de su estreno en cines —¡quién lo diría!—, necesitábamos indagar sobre cuál será el futuro de Beatrix Kido en la gran pantalla. ¿Tendremos por fin las dos esperadas secuelas o se habrá quedado todo más estancado que El Quijote de Terry Gilliam? Los fieles de Quentin Tarantino no podemos estar muy satisfechos con las últimas novedades que nos han llegado desde el otro lado del charco ya que, durante la promoción mundial de Django desencadenado (2012), al director norteamericano se le escapó lo siguiente: “No sé si alguna vez se rodará Kill Bill, volumen 3. Ya veremos, aunque probablemente no la haga“.

¿Hay necesidad de ampliar el legado? No. Ni económica ni argumental. Eso sí, material y potencial sobran; más aún cuando los fans acérrimos de la saga no dejan de darle rienda suelta a sus afiladas fantasías amarillas con historias paralelas. De entre todas ellas, posiblemente la más curiosa de todas sea la de una pequeña de 14 años que, ni corta ni perezosa, le escribió una carta al bueno de Quentin contándole una continuación que le hubiese gustado para las cintas protagonizadas por Uma Thurman. Y, claro, imaginaos cuántos cubos llenó Tarantino con su baba mientras leía el guion personalizado de una niña que incluso se incluía a sí misma en la historia, según confesó el realizador durante una mesa redonda en la que compartía cartel con Ang Lee, Gus Van Sant y Ben Affleck.

Un adolescente en un cuerpo de cincuentón

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Sin embargo, la utopía japonesa de la jovenzuela parece que fue la mayor aproximación que tendremos por el momento sobre la continuación de Kill Bill. Y más aún cuando el cineasta de Tennessee ha manifestado en reiteradas ocasiones el deseo de cerrar para siempre su filmografía cuando alcance los 10 títulos. Qué queréis que os diga; a mí esta especie de “vive deprisa, muere joven” no me hace ningún chiste y, si estuviese en mi mano, ataría a una silla al perturbado genio macabro que se esconde en el interior de su generosa cabeza para que no dejase de escribir guiones hasta el infinito. A lo Clint Eastwood.

¡Decidme que no soy el único al que le gustaría!