Michael Haneke, Filmregisseur, Copyright www.peterrigaud.comHay días en los que tienes que buscar una excusa para escribir sobre aquello que te gusta y días en que las excusas vienen solas. Y aunque con Michael Haneke (Munich, 1942) no hay excusas que valgan -con su última cinta, Amour, fue el último ganador del Oscar a Mejor Película de Habla no Inglesa, así como de la Palma de Oro y el Globo de Oro a Mejor Película en Lengua no Inglesa-, hoy viernes se han juntado una serie de acontecimientos alrededor de la figura del cineasta que no podemos pasar por alto. Por un lado, el estreno de Michael H. Profession: Director, un documental que gira en torno a la carrera del realizador austriaco y con el que se podrá profundizar un poco en su personalidad gracias a las entrevistas con algunos de sus intérpretes habituales, como Isabelle Huppert o Juliette Binoche. Y, por otro, tenemos la entrega durante la tarde de hoy de los Premios Príncipe de Asturias, que este año han decidido homenajear a este director con el Príncipe de Asturias de las Artes, en cuya lista de premiados figuran cineastas de la talla de Woody Allen, Luis García Berlanga, Fernando Fernán Gómez o Pedro Almodóvar.

Es costumbre durante la semana de entrega de estos premios que Oviedo, la ciudad que los acoge, se llene de actos variados en los que presentar a la sociedad a tan ilustres premiados, y en uno de esos actos nos hemos colado los de Quién te ha visto y quién TV, que no nos queríamos perder el encuentro que este grandísimo realizador iba a mantener con estudiantes y público en general. Las impresiones, desde luego, han sido inmejorables. Michael Haneke ha resultado ser un entrañable abuelete de pelo blanco muy escrupuloso con los mensajes de sus películas, que cree que el cine en 3D es una “moda pasajera” y que afirma haber aprendido mucho viendo películas malas.

“Yo no quería ser director de cine…” 

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Yo no quería ser director de cine, yo quería ser músico, o compositor o director de orquesta”. Con esta declaración hecha desde la Facultad de Filosofía y Letras del Campus del Milán de Oviedo, a más de uno nos dejó Michael Haneke con la boca abierta, ya que muy pocos hemos indagado tanto en su vida como para saber de este pasado musical. “Menos mal” —continúa—, “que me convencieron de que no lo hiciera porque no tenía talento. No hay nada peor que un músico mediocre”. Los amantes del cine del realizador europeo pronto caemos en la cuenta de la importancia que tiene la música para él, sobre todo si tenemos en mente películas como La Pianista (2001). “La música me parece el arte más sublime y el que más consuela”, añadió.

Y es que sus títulos se caracterizan tanto por su calidad como su crudeza, como él mismo reconoció con un casi escalofriante tono jocoso. “Cuando la gente se asusta o incomoda tanto con mis películas que hasta sale de la sala de cine, veo que he dado en el clavo“. Esta especie de adicción masoquista a la frialdad como terapia de choque ante el mundanal ruido es el día a día de Haneke cuando éste se pone manos a la obra. “Solo puedes estar en esta profesión si estás absolutamente obsesionado con ella”, admitió desde un salón lleno hasta la bandera.

IMG_0857Evolución sí, evolución no

A sus 71 años, da la impresión de que su madurez profesional le ha hecho aparcar la brutalidad de títulos pasados como El vídeo de Benny (1992). “Cada día vemos tanta crueldad en los medios de comunicación que realmente es muy difícil estremecer al espectador. Nos hemos acostumbrado a consumir imágenes de violencia“, explica en relación al miedo más cercano que transmiten sus dos multipremiadas últimas cintas, La cinta blanca (2009) y Amor (2012).

Afincado en Viena desde hace décadas por influencia de su mujer —”es la única persona a la que le cuento todo lo que hago porque sé que me va a criticar”, bromea—, el sucesor de Rafael Moneo en el galardón asturiano desveló ante los presentes que, por mucho tiempo que pase, nunca será capaz de dejar un milímetro de libertad a la improvisación. “Lo que está en el guion debe pronunciarse tal cual figura. Cuando un actor no conoce su texto, lo echamos“. Puro humor germano.