leoSi hace dos semanas cantábamos el cumpleaños feliz a Don Joaquin Phoenix por su 39 cumpleaños, este lunes toca darle la palmadita en la espalda a Don Leonardo DiCaprio, que se queda también a un peldaño de la cuarentena. ¿Pasarán juntos la crisis existencial?

Si le toca hacer balance un día como hoy, a nivel profesional puede estar más que satisfecho: cuenta con una carrera envidiable, es uno de los mejores actores de su generación y ha trabajado con los directores más prestigiosos. Además de ser el nuevo muso de Martin Scorsese -sustituyendo a Robert De Niro-, ha trabajado con Quentin Tarantino, Clint Eastwood, Christopher Nolan, Steven Spielberg, James Cameron, Woody Allen y Danny Boyle –siendo causa de su divorcio profesional con Ewan McGregor-, entre otros. Casi nada. Sin embargo, hay algo que emborrona tan impecable trayectoria: no cuenta con un solo Premio Oscar. Hasta en tres ocasiones ha estado nominado –pocas son, si nos ponemos justos-, pero en todas las ocasiones la Academia ha encontrado mejor valedor de la estatuilla dorada.

Quizá esta sequía de premios es lo que le llevó a principios de año a anunciar su retirada temporal del cine. Si es verdad que le hemos visto mucho en la pantalla últimamente, se le echará de menos durante su ausencia, aunque aún nos queda una última dosis de este actor para diciembre, cuando se estrene en nuestro país El lobo de Wall Street, que apunta a taquillazo.

Este pasado mayo también pudimos disfrutar de su presencia en la gran pantalla con El gran Gatsby, la última película del australiano Baz Luhrmann. Era su segundo trabajo juntos, ya que si hacemos memoria recordaremos que, un año antes de dispararse su carrera con Titanic (1997), el director lo había elegido para encarnar a Romeo Montesco en su particular versión de la popular obra teatral Romeo y Julieta. En esta misma cinta, compartió cartel con una angelical Claire Danes –que ahora triunfa con la serie Homeland– y juntos protagonizan la escena mítica cinéfila del día: ¿quién no recuerda el primer encuentro entre los amantes de Verona a través de una pecera? El juego de miradas y de sonrisas fueron la antesala de la tragedia que se desencadenaría a continuación, donde pistolas y derrapes de coches sustituirían a los puñales y desafíos de espadas clásicos. Típico de Luhrmann. Por si eres olvidadizo te dejamos el vídeo para que refresques la memoria:

Y tú, ¿qué opinas de este actor más obsesionado por las rubias que el mismísimo Hitchcock? ¿Crees que se retira por la sequía de premios o por cansancio laboral? ¡Cuéntanoslo!