malavitaLo primero que piensas al oír los nombres de Martin Scorsese como productor, Robert De Niro, Michelle Pfeiffer y Tommy Lee Jones en el reparto, y Luc Besson, director de culto, a la cabeza de la cinta, es imaginarte una gran película, con tensión, intriga, chispa, ritmo. Pero nada más lejos de la realidad. Como fan incondicional de algunos de ellos, me da pena afirmar algo que será una obviedad para muchos de los que la vean: Malavita patina por lentitud y falta de ideas claras. Da la sensación de que se rodó antes de que hubiera un guion definitivo, con todas las posibles variantes de la historia abiertas. Así es imposible que algo pueda ser tomado en serio.

Luc Besson puede presumir de algunos de los títulos más brillantes de los últimos tiempos, como El quinto elemento (1997), la mística El gran azul (1988), o la magistral Léon: el profesional (1994). Más allá de eso, las cantidades millonarias que se consiguen desde un despacho de productor, con menos quebraderos de cabeza que sentado en la silla de director, han malogrado la que es sin duda una de las mentes más creativas y originales de las dos décadas pasadas, que no obstante no ha sabido mostrar su talento con rotundidad, siempre vapuleado por la crítica e idolatrado por una parte del público.

Scorsese es el que menos tiene que ver con lo visto en pantalla, pues como buen productor solo aporta el dinero, y tiene un crédito suficientemente alto como para que su nuevo estreno Los lobos de Wall Street no se vea afectado por un descalabro en taquilla. Otra cosa que se le puede achacar, siendo Besson uno de los realizadores más creativos, son los tópicos a la hora de elegir los actores: De Niro como gángster mafioso, Pfeiffer como ama de casa con carácter y Lee Jones como agente del FBI. Sus mejores interpretaciones en este tipo de papeles pasaron hace ya tiempo y, tal vez, se deberían haber buscado otro tipo de actores menos convencionales o haber desarrollado más  a unos personajes que son planos, simples y a veces poco creíbles.

A medio camino de ninguna trama seria

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Si bien el tráiler nos presenta a la familia —malavita en italiano— de un mafioso luchando por sobrevivir, descontrolada, repartiendo leña y disparos a diestro y siniestro, lo que verdaderamente se ve es a un viejo jefe del hampa americano que se esconde en una nueva mansión en otro pueblo de Normandía, en Francia. Aquí viene el problema: todo se sobreentiende, ni se sabe qué pasó en otro tiempo para que sea buscado, ni se conoce por qué cambian tanto de residencia. Una historia basada en casualidades totalmente absurdas para tener sentido, que no se sabe en ningún momento qué pretende contar.

La cinta habla un poco de todo y al final de nada como excusa para meter tiros, con un guion con muchas lagunas y más centrado en llamar la atención con los arrebatos psicópatas de una familia que debe ser violenta por naturaleza. En este caso, lo único que puede contentar y ayudar a paliar el aburrimiento son los propios actores, que ponen todo de su parte para salvar la situación, y la parte final, que se acelera de golpe para intentar dejar un recuerdo levemente llamativo por la acción desesperada. Un final atropellado contrario a la monotonía del film, que incluye una referencia a Uno de los nuestros (1990), obra maestra de Scorsese. Para terminar de arreglarlo, se trata de una alusión medio escondida y que pasa, por desgracia, desapercibida en un momento importantísimo para la trama.

Besson parece haber perdido la magia y fantasía que caracterizaba a sus largometrajes y ni siquiera el apoyo de parte de Hollywood parece ayudarle a levantar cabeza con una cinta en la que se pasa de la gamberrada más vengativa al sentimentalismo más rosa sin término medio.

¿Qué os ha parecido a vosotros? 

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