z8Hay directores muy poco conocidos por el gran público que, sin embargo, han hecho una contribución a la realidad social de muchos países de tal tamaño que deberían ser reconocidos en mayor medida. Por desgracia, las absurdas ideas políticas siempre quitan más honores de los que dan, siendo los hechos atroces y ocultos por las grandes dictaduras los revelados sin tapujos. El franco-griego Costa-Gavras dirigió una de las mejores películas de denuncia social de la historia, Z (1969).

Constantin Costa-Gavras ganó el Oscar a Mejor Película de Habla No Inglesa con esta producción argelina. Sí, de Argelia, colonia francesa independizada hacía ya siete años, en 1962. Los hechos de represión y asesinatos políticos llevados a cabo por las autoridades francesas en el norte de África son los acontecimientos reales en los que el escritor español de izquierdas Jorge Semprún se basó para escribir un guion perfectamente elaborado y ejecutado, con unos personajes muy claros, bien dibujados y con contundentes reflexiones existenciales, humanas y libertarias.

El realizador también quiso llamar la atención sobre la represión que el régimen totalitario de su país, Grecia, ejercía especialmente con el asesinato del demócrata griego Grigoris Lambrakis en 1963, un hombre que se ve claramente representado en el personaje principal de Z. Uno de los gritos de denuncia más altos de los pronunciados por este director de desgarradoras historias, con críticas auténticas y mordaces para los gobiernos como en sus otros títulos Desaparecido (1982) o Amén (2002).

La fuerza bruta aniquila las ideas

ZETAEn un país ficticio, del que no se sabe su nombre, un régimen teóricamente democrático y en la práctica militar siente miedo ante el inminente discurso del líder de un partido político de izquierdas, que aboga por la paz y el desarme en el contexto de guerra fría. Las masas, que piensan por sí mismas cosas distintas, son agitadas por mercenarios y líderes de ultraderecha a cambio de favores y beneficios. El asesinato del diputado de la oposición, orquestado desde las altas esferas, conllevará una persecución contra sus compañeros de ideas, oprimidos por las fuerzas policiales, mientras un joven juez, que ingenuamente confía en su sistema de justicia, parece ser la única esperanza para demostrar lo realmente ocurrido.

Con todos los movimientos perfectamente coordinados, teniendo en cuenta la magnitud de las manifestaciones y el enorme número de extras que participan en los disturbios de todo tipo que se observan, no se puede más que admirar una cinta en la que destacan las interpretaciones de los protagonistas; sobre todo, las de los actores franceses de renombre Yves Montand y Jean-Louis Trintignantel cual ganó el premio a Mejor Actor en Cannes por el papel. Para los más curiosos, este último es además el anciano que hace el rol principal en Amour (2012), la última gran obra de Haneke, más de 40 años después de interpretar al valiente juez de Z.

La fotografía, los detalles técnicos exquisitos y esos pequeños símbolos de la confrontación que siempre ha habido entre el poder impuesto y la libertad terminan de redondear la historia, con unas consecuencias finales que bien podrían darse en cualquier estado del mundo. A modo de curiosidad, es la película con el título más corto en recibir un premio de la Academia; una letra, la Z, cuyo significado en griego antiguo (“está vivo”) revela que cualquier cosa, ante la más mínima sospecha, puede ser censurada por una dictadura.

La cinta ganó dos Oscar – el otro por su Montaje – de cinco nominaciones y el Globo de Oro a Mejor Película Extranjera. Estamos ante una de esas películas que más nos pueden abrir los ojos a la realidad. ¿Qué opináis de ella? ¿No debería hacerse más caso a directores como Costa-Gavras, incómodos para las grandes potencias?

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