El otro día una señora se sentó frente a mí en un tren y me miró raro. Yo me temía lo peor y acerté. Aunque por todos los medios intenté distraerme mirando el paisaje por la ventana, notaba su mirada en mi sien, escuchaba el sonido de sus neuronas al cruzarse tratando de identificar quién era yo. Sus ojos sin vida mostraban que no eran más que sensores de una máquina humana en ebullición que cotejaba mi rostro con el de millones de otros rostros que guardaba en su memoria televisiva.

Cerré los ojos haciéndome el dormido pero sabía que mis malas dotes interpretativas demostrarían tarde o temprano que no tenía sueño y opté por abrir un libro. Ese fue mi error. Cuando mi imaginación estaba a punto de escapar libre apoyada en el segundo párrafo, ella atacó desde su realidad mundana.

-Perdone… ¿Es usted actor?

-No… No soy actor.

-Pero… Usted trabajaba en el “Caiga quien caiga”, ¿no?

-No, no he trabajado en “Caiga quien caiga”.

-Bueno ya… pero usted es un presentador de la Cuatro, ¿verdad?

-No, no trabajo en Cuatro, lo siento.

-Entonces… ¿Es usted Tonino?

-No, no soy Tonino.

-¡Si lo sabré yo que es usted Tonino!

-Pues lo sabrá usted señora…

-Usted es un actor, ¡por eso me quiere tomar el pelo!

-Pues mire no es mi intención tomarle el pelo y le insisto en que no soy actor y, realmente, no ha dado ni una. Y lo siento pero le tengo que dejar que me bajo en esta parada.

Ramon_Aranguena_Monologo_Galileo

Agarré mi maleta y me cambié de vagón a otro más tranquilo. No es la primera vez que me pasa. Ya de estudiante me hice el sordomudo –a lo intérprete de funeral de Mandela- para no dar conversación a otra mujer que quería compartir sus experiencias vitales y sus naranjas con todos los de los asientos cercanos en un viaje de más de 12 horas aguantando con los ojos sobre mi libro y mi música hasta mi sorprendente adiós final en la estación de destino. Pero esto es otra historia, otra de tantas historias cortas que te pasan en la vida y que puedes convertir en un cortometraje si lo conviertes en un buen guion con un final rompedor.

¿Para qué cuento esto? Para recordar que no soy actor. Que ser actor es algo serio, porque actores hay muchos pero Actores con mayúsculas sabemos que hay un puñadito. Yo he trabajado de actorete en tres cortometrajes. En los dos primeros hacía de periodista despistado —¡qué miedo encasillarme!—. Uno fue El puente de Pitágoras, de Abel Nozal (8′ 15”); el segundo Gente de Verdad, de Iván Rubio (4′ 47”); y el tercero El aprovechamiento industrial de los cadáveres, de Antonio Gómez Rufo, basado en un guión de Luis García Berlanga, en el que hice de médico forense (8′ 18”). Y señalo mis momentazos porque estoy tan bien caracterizado que puede que nadie me reconozca.

Mi relación con los cortos ha sido esa, colaborar con amigos que me han pedido un papel en algo que, desde mi época de facultad, he visto como admirable, caro y complejo. Hasta que hace unos meses Ramón Margareto –Goya al mejor corto documental por Memorias de un cine de  provincias– me pidió ser jurado en el Festival Internacional de Cortometrajes de Aguilar de Campoo. A mí eso de juzgar nunca me atrajo, pero dije que sí. Y la experiencia ha sido fantástica.Festival Aguilar del Campoo 2013 FICA

El FICA ha cumplido 25 años, ahí es na. Ha sobrevivido a alcaldes de un color y del contrario, a crisis económicas, a cierres de sedes y sigue vivo. El truco no es fácil de saber pero hay muchos. Uno de ellos es que todo corto seleccionado recibe 1000 euros por el hecho de entrar en concurso, con lo cual no existe esa competitividad entre los autores candidatos a la hora de saber quién es el ganador. Eso hace que la relación con los organizadores y los creadores sea cercana. Los comerciantes “apadrinan” los cortos y quieren conocer a los directores a los que les han dado sus dineros y saber qué es lo que querían contar antes de verlos. Y, por último, el público llena las salas de proyección, y para los que no consiguen entrada se exhibe en el exterior –a menos de cero grados- lo que se pierden calentitos. Este año ha ganado el genial corto Foley Artist, de Toni Bestard, pero la calidad de muchos otros ha sido también fantástica.

¿Qué he aprendido en cuatro intensos días de cine? Una cosa especialmente: que los que hacen cortometrajes no son directores de cortos, son directores de cine que unas veces hacen largos y otras cortos. Y para demostrarlo solo hay que nombrar al ganador a la mejor dirección, Jorge Dorado, por El otro. En enero estrena Mindscape, con cuatro millones de euros de presupuesto y protagonistas como Mark Strong, Brian Cox, Alberto Amman y Taissa Farmiga. He tenido la suerte de verla y creo que va a ser de lo mejor del próximo año. Perdérsela demostraría que no se tiene cerebro o sacaría a la luz algún problema mental de esos que hacen creer a uno, por ejemplo, que toda la gente que viaja en los trenes son actores que  trabajan en ese programa de Cuatro que se llama Caiga quién caiga, donde se puede ver juntos bailando y cantando a Tonino, Risto Mejide, Melendi y al Aranbüena, o como se diga.