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Alan Ball es uno de los guionistas-productores-directores más populares al otro lado del charco. El estadounidense saltó a la fama mundial y empezó a estar en boca de todos cuando dio a luz a una de sus niñas bonitas llamada True Blood, pero antes de eso ya se le conocía por convertirse en ganador de un Oscar por su guion de American Beauty y, además, por ser el padre de una de las mejores series de televisión de todos los tiempos, A dos metros bajo tierra.

En su incursión en el cine, nos dejó en el 2008 su primer largometraje llamado Nada es privado, una comedia negra muy del estilo al que nos tiene acostumbrados. El film está basado en la polémica novela de Alicia Erian sobre la sexualidad, la pedofilia y el racismo. Ahora prepara su segundo film, I AM Chippendalesbasado en una novela de Rodney Sheldon y que se encuentra en preproducción.

Muchos premios llenan sus estanterías y es reconocido como uno de los grandes de la televisión y por sus polémicas tramas de alto contenido sexual, pero… ¿Qué te ha pasado, Alan Ball?

Después de que A dos metros bajo tierra se convirtiera en una serie de culto, haciéndonos partícipes de la vida de la familia Fisher con sus reflexiones y diálogos brillantes acerca de la muerte o la sexualidad, True Blood empezó con fuerza en la HBO consiguiendo ser la serie más vista de la cadena desde que Tony Soprano nos dijera adiós. Pero lo que bien empieza no siempre bien acaba y, después de que la ficción tuviera un ascenso meteórico, temporada tras temporada se fue desinflando hasta que el año pasado Ball anunciaba que iba a dejar su trabajo como guionista principal después de la quinta entrega.

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Tras haber dejado la serie vampírica para adultos empezó a crear su nueva Banshee, que vio la luz a principios de este año en la cadena Cinemax -canal de acción de la HBO-. El argumento no me llamaba especialmente la atención: un exconvicto que se mete a Sheriff en la localidad ficticia de Banshee, un pueblo perdido de Pennsylvania lleno de secretos. Acción, violencia y sexo son las señas de identidad de este drama policíaco con tintes de western. Ha sido aclamado por muchos y desprestigiado por otros. En cualquier caso, desde mi punto de vista se encuentra muy lejos del savoir faire del que hizo gala una vez Alan Ball.

A pesar de sus defectos, la primera temporada ha conseguido arrastrar a una audiencia bastante decente para este canal y ya ha sido renovada para una segunda. Además, en España se empezó a emitir el pasado octubre en Canal+.

Desde aquí hago un llamamiento al señor Ball y le pido que por favor vuelva, que se saque de la manga una ficción a la altura de su indudable talento y que salve al mundo en general y a la desastrosa parrilla televisiva de estrenos en particular.

¡Alan, vuelve!