Cualquier excusa es buena para hablar de un grande como Woody Allen, pero el hecho de que hoy cumpla 78 añazos nos da la razón perfecta para preparar una lista de 10 películas que no te puedes perder. Son cintas que en Quién te ha visto y quién tv consideramos imprescindibles de la filmografía del neoyorkino que, a ritmo de estreno por año, ha rodado ya 46 films y tiene otro en el horno. Después de disfrutar de Blue Jasmine toca poner el marcador a cero y ser pacientes.

Alabado por muchos y detestado por otros tantos –incluido el mismo-, ha sabido crear su propio sello de identidad: intelectual, judío y, sobre todo, neurótico hasta la médula. Es imposible no reflejar esa personalidad en el propio Allen y quizás sea algo exagerado y solo nos muestre una caricatura, pero lo que es innegable es el poder que tiene su vida en su filmografía: su relación con los padres, su amor por la música, su relación con el teatro y, por encima de todo, su amor supremo al cine, ya sea por sus marcadas influencias de directores como Bergman, Fellini, Wilder, Hitchcock, Chaplin; o por la presencia de este elemento en sus escenas. Con un acentuado estilo europeo se ha desmarcado de otros directores con un tono más hollywoodiense y ha creado historias hilarantes y desgarradoras -con ayuda de sus alter ego y sus musas-, pero siempre poniendo el foco en los personajes, sus acciones y reacciones. Es por eso que queremos recoger un poco de su cine en esta lista, intentando hacerle justicia.

La última noche de Boris Grushenko (1975)

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Allen se presentó en la gran pantalla con Toma el dinero y corre (1969), un falso documental totalmente neurótico y de un marcado humor absurdo que se contagiaría en sus cintas posteriores y llegando a su punto más brillante con  la cinta que abre esta lista. Con una gran puesta en escena -y con claros guiños a El séptimo sello de Bergman y a Dostoievski-, se nos traslada a la Rusia del s. XIX para narrarnos el lío amoroso de Boris, que ama a Sonia (Diane Keaton), pero Sonia ama a Iván, pero Iván ama a otra. Sin embargo, el destino llevará a Boris a convertirse en un héroe de guerra y ser visto con mejores ojos por Sonia.

Una escena inolvidable: Amar es sufrir

Annie Hall (1977)

Annie hall

Tras una etapa puramente humorística, Woody Allen decidió dar un paso hacia delante planteándose una película más seria inspirada en la reflexión de Alvy Singer sobre su vida, en especial, sobre su relación de amor y su desamor con Annie, una mujer excéntrica e inhibida pero auténtica. Como en muchas de sus películas, la relación Annie-Alvy tenía mucha influencia de la relación Diane-Woody, lo que quizás haga más certero el retrato de la pareja. Su carácter agridulce, su veracidad y su estructura ágil en la que cabe todo –desde monólogos hasta interpelaciones con el espectador- hacen de esta cinta la mejor del director hasta el momento.

Una escena inolvidable: Monólogo inicial

Manhattan (1979)

manhattan

Por la senda del romance y entre el drama y la comedia llegamos a Manhattan, que nos contará -con una preciosa fotografía en blanco y negro- la crisis existencial de Isaac Davis a raíz de su relación con tres mujeres: una exmujer lesbiana que no le soporta, una novia adolescente y la snob pareja de su mejor amigo. No obstante, detrás de esta historia se esconde lo realmente importante: el verdadero romance de Davis/Allen por la Gran Ciudad. ¿Quién puede olvidar los primeros planos de la cinta  donde se vislumbran la silueta de los edificios con la voz en off? “Capítulo primero. Adoraba Nueva York”.

Una escena inolvidable: Escena del puente.

La rosa púrpura del Cairo (1985)

la rosa purpura del cairo

A principio de la década de los ochenta, Woody Allen conocerá a la que será su pareja durante 12 años:  Mia Farrow. Con ella emprenderá un tándem exitoso hasta su ruptura que tiene como recompensas cintas como La rosa púrpura del Cairo, una auténtica oda al cine y a su capaz para hacernos sentir mejor y alejarnos por un momento de la dura realidad. Esta virtud se personifica en Cecilia, una camarera que va a ver siempre la misma película hasta que, un día, el protagonista sale de la pantalla dispuesto a conquistarla. Una joya de la filmografía del neoyorkino que no te puedes perder divertida y con un mensaje que llega a todos.

Una escena inolvidable: Saliendo de la pantalla.

Hannah y sus hermanas (1986)

Hannah and Her Sisters (1986)

Tuvo que esperar hasta mediados de los 80 para obtener su primer éxito comercial –que se tradujo en tres Premios Oscar- con Hannah y sus hermanas, además de alcanzar el punto profesional más alto con su nueva musa y pareja Mia Farrow. El carácter diferente de tres hermanas y sus vidas serán la línea argumental del film. Un rodaje que tenía además mucho de esta pareja: se grabaron planos en la casa de la actriz con los hijos de esta como figurantes e, incluso, se añadieron al guion situaciones extraídas de la vida real de la pareja.

Una escena inolvidable: El sentido de la vida.

Días de radio (1987)

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A esta altura de la lista sobra decir la cantidad de elementos autobiográficos que poseen los films de este director. Sin embargo, es en esta película donde podemos ver con claridad un reflejo de la infancia de este neoyorkino, su relación con la familia y su amor por la música y la radio. Para narrarnos esta historia decorada emplea una gran cantidad de personajes –más de 100- y entremezcla drama y comedia en sus diferentes tramas. Es en la segunda película en la que el director no actuará -después de Interiores- y dejará toda su personalidad en manos de su alter ego infantil Joe (Seth Green).

Una escena inolvidable: Escena del robo.

Delitos y faltas (1989)

delitos y faltas

Y llegó el delito y la moral con esta cinta de Allen dotada de una lucidez extraordinaria. Acompañado de un humor muy ácido, a lo largo de todo el film se nos presenta una gran crisis existencial, donde la religión tendrá suma importancia, y explosionará con un final cuyo mensaje será demoledor. Todo se plantea alrededor a dos hombres: Judah (Martin Landau), que, para intentar que no se derrumbe su vida, considerará el asesinato de su amante; y Clifford (Allen), un director que deberá rodar un documental sobre su cuñado, al que no soporta. Allen crea la simbiosis perfecta entre drama y comedia y pone con esta sobresaliente película punto y final a una década brillante.

Una escena inolvidable: Conversación en la consulta.

Misterioso asesinato en Manhattan (1993)

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Y llegaron los noventa y, con ellos, el escándalo que produjo su relación con Soon-Yi, hija adoptiva de Mia Farrow. En medio de este panorama, en el que el director no estaba muy bien visto, llegó Misterioso asesinato en Manhattan, una versión con toque Allen de La ventana indiscreta de Alfred Hitchcock con la que se reencontró con su primera musa, Diane Keaton. Con ese pequeño coletazo de crimen e intriga, el neoyorkino firma una comedia redonda que nos narra la investigación casera que realizará un matrimonio al sospechar que su vecino ha acabado con la vida de su esposa. Como telón de fondo, el desgaste del amor y los celos… imposible perdérsela.

Una escena inolvidable: Atrapados en el ascensor.

Match Point (2005)

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Después de una dura etapa con películas en las que el director se reinventaba a sí mismo ayudado por influencias cinematográficas -pero que ninguna llegaba a cuajar, no porque fuesen malas, sino porque no eran suficiente- llegó la cinta que le volvió a poner en el punto de mira: Match Point, que no es otra cosa que una reinvención de la trama de Judah en Delitos y faltas. Se ve claro si recordamos el argumento: Ambicioso joven (Jonathan Rhys Meyers) que consigue dar el braguetazo de su vida al casarse con una buena dama inglesa (Emily Mortimer), pero que ve su mundo tambalearse por culpa de su explosiva amante (Scarlett Johansson). Además de un gran éxito, supuso el primer paso de Allen en territorio Europeo.

Una escena inolvidable: Más vale suerte que talento.

Midnight in Paris (2011)

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Un tanto desacreditado siguió estando el director tras el éxito de Match Point, pues sus siguientes cintas fueron vilipendiadas y bastante mal consideradas por vicio o pecado. Sin embargo, nadie pudo articular una crítica después de sumergirse en Midnight in Paris. Allí nos contó la fantástica peripecia de Gil (Owen Wilson), que durante una pequeña estancia de la Ciudad de las Luces, coge un coche que le transporta a los años 20 y le lleva a vivir las historias que tantas veces había imaginado. Allen se convierte en un perfecto embajador de tan bella ciudad –si es que acaso necesitaba de alguno-. Simplemente mágica.

Una escena inolvidable: Medianoche en París.

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Y lo demás… es historia. La popularidad del director volvió a caer con A Roma con amor al año siguiente, pero se ha recuperado con el estreno de la fantástica Blue Jasmine. Aún no sabemos que nos deparará la siguiente cinta del director, que ya se está rodando en el sur de Francia. ¿Convencerá? ¿No convencerá? Después de hacer este pequeño repaso y de recordar joyas de la filmografía de este neoyorkino gafapasta, solo nos queda una cosa por decir: Woody, no te vayas nunca.

Y tú, ¿qué película consideras imprescindible de este director? ¿Cuál es tu cinta favorita? ¡Opina!