El_Lobo_De_Wall_Street_Po“Hay tres maneras de hacer las cosas: la correcta, la incorrecta y la mía”. Así se autodefinía el personaje interpretado por Robert De Niro en Casino, aquel carrusel de dinero, mafia y vicio dirigido por Martin Scorsese en 1995. Casi dos décadas después, el director neoyorkino vuelve a reflejar el mismo tema en la gran pantalla, pero con un tono radicalmente diferente. Erróneamente etiquetada como Comedia por la prensa extranjera en los Globos de Oro, El lobo de Wall Street es una incursión satírica en la avaricia como forma de vida. El mal solo engendra mal y el dinero solo engendra… ¿mal también?

Formidablemente interpretado por un Leonardo DiCaprio en estado de gracia -probablemente, en el mejor papel de su vida-, a lo largo de tres horas vemos cómo Jordan Belfort crece desde sus inicios como pseudobecario en la empresa de un brevísimo pero brillante Matthew McConaughey. Allí descubrirá el apasionante mundo de las drogas, el adulterio y la falta de escrúpulos. Lo siguiente, mujeres, más mujeres, pastillas, más pastillas y dinero y más dinero.

Scorsese vuelve a moverse como pez en el agua dentro de la atractiva ciénaga de la ilegalidad. Su nuevo retrato del sueño americano, más focalizado en la Gran Manzana que nunca, es una inexorable exageración de Gordon Gekko, una de todo lo que se puede llegar a conseguir –y perder- en Estados Unidos.

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Dividida recurrentemente por los discursos evangélicos del líder a sus comprados lacayos, casi todo encaja en esta amalgama descontrolada de irreverencias y lucha contra el autocontrol. El último carpe diem del aclamado realizador se cimenta en una sólida elección del reparto que propicia varias de las escenas más memorables de su ya dilatada filmografía, que ya es decir.

Premios Oscar, palabras mayores

Por mucho que Scorsese dé forma a la película más larga de su carrera, que sea la con la que más dinero se ha embolsado en numerosos países -incluido el nuestro-, que DiCaprio haga la mejor interpretación de su vida o que Jonah Hill se haya ganado la simpatía del público tras una cinta por la que “solamente” cobró 60.000 dólares, sus posibilidades de Oscar son más bien remotas. Alfonso Cuarón, Matthew McConaughey y Jared Leto tienen ahora mismo todas las papeletas para aguar la fiesta. Muy a nuestro pesar, otro año será, querido Leo.