Corea del Sur es una nación que en las últimas décadas ha experimentado un fuerte auge de su industria cinematográfica. Su competencia más dura siempre han sido las producciones del gigante Hollywood, que además les volvía a vender en muchas ocasiones su mismo producto: remakes infumables que poco o nada tenían que ver con las cintas originales, impregnadas de esa peculiar forma de hacer cine que tienen los asiáticos en general. Ahí está la venganza de los coreanos, en lograr que haya historias donde los americanos no pueden vencer a la hora de contarlas.

El público comienza a darse cuenta, y es que la última perla, la nueva versión de la magnífica y siniestra de Oldboy (2003), es uno de los peores estrenos del 2013 en números de taquilla. Observemos las diferencias, qué hace grande a la primera cinta y qué es lo que desgracia a este fracaso del malogrado Spike Lee.

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Secuelas: el Oldboy de 2003 formaba parte, como segunda película, de la Trilogía de la venganza del director Park Chan-wook, que debutó en la industria americana con éxito en Stoker (2013). De esta forma, se buscaba una relación de temas, como la redención, el amor a los seres queridos, la venganza o los sentimientos personales y complejos de la violenta condición humana, los cuales se vieran también en Sympathy for mr. Vengeance (2002), y Sympathy for Lady Vengeance (2005). Teniendo en cuenta esto, Spike Lee solo puede hacer un torpe thriller, negro y más oscuro, que lo más que hace es entretener, sin mostrar lo que pretende la original.

Historia: aunque Oldboy no es un guion original, sino la adaptación de un cómic manga, en esta segunda versión se toman algunas licencias para cambiar aspectos con respecto a la cinta del director Park Chan-wook. Si bien su película mostraba diferencias con el manga que la hacían más agresivo e impactante, aprovechando las ventajas del estilo cinematográfico, la obra de Spike Lee ofrece cambios insustanciales y siempre tomando como referencia el film asiático y no el manga. Esas variaciones podían haberse evitado, porque iba a hacer casi una copia de la coreana de una forma o de otra.

Guion: es lo más destacado de ambas películas. El libreto de Mark Protosevich podría pasar por destacado si fuera una cinta nueva y no estuviera continuamente comparada con la original. Claramente, ambas se centran más en unos pasajes que en otros, pero los norteamericanos se pierden buscando más el morbo que el transcurso natural de lo sucedido a Oh Dae Su -personaje de la primera- o a su alter ego, Joe Doucen -protagonista de la segunda-. Las frases más impactantes y simbólicas son, obviamente, las contenidas en la idea asiática.

Violencia y humor negro: el eje de la trilogía del realizador coreano se muestra, no obstante, mucho más sofisticado y graduado en 2003. No abusa de la sangre y fija más la cámara en el sufrimiento del que recibe en el castigo y las consecuencias, que en el color rojo y las heridas. Al contrario, por supuesto, que el remake, que disfruta haciendo padecer al espectador cuando no es necesario. Otra importante diferencia es el humor negro, que hace las delicias del espectador en la primera entrega y está ausente en esta última versión.

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Actores y director: Josh Brolin en el principal es de lo mejor de la cinta, al nivel en su momento del asiático Choi Min-sik, y sinceramente prefiero el villano interpretado en este remake por un psicópata como Sharlto Copley. Elizabeth Olsen tampoco desentona como cándida protagonista. Como ya hemos dicho, los actores nuevos cumplen bien con sus personajes si los comparamos con los originales, aunque Samuel L. Jackson parezca estar desencajado en el breve rol que tiene en el film. En cuanto al director, Lee muestra su calidad haciendo un film normal, pero tiene una comparación constante a la hora de montar, mostrar y narrar la historia.Ritmo y duración: la cámara de Chan-wook se detiene en los momentos necesarios para mostrar los sentimientos y emociones de forma muy manifiesta y sentida. Con un ritmo constante, abusa sin embargo de algunos defectos propios del cine coreano: que los actores puedan sobreactuar y que diversas situaciones puedan parecer irreales. Esa irrealidad basada en el ansia de conseguir sus propósitos es maravillosa en Corea, pero resulta extraña en un film americano. Lee le da un ritmo demasiado acelerado a la cinta, que dura un cuarto de hora menos que la original, aunque eso sea más culpa de los insensatos productores.l´-ñmljk´mkç

Éxito: mientras que a principios de siglo la primera se llevó la Mención Especial del Jurado de Cannes y su imagen se convirtió en símbolo de una generación de nuevos aficionados del cine, esta segunda, no ha pasado más que penurias desde su estreno.

En conclusión, se cumple el dicho de que pocos remakes son buenos y os ruego encarecidamente que veáis el Oldboy original de Park Chan-wook. Las intenciones de Lee pudieron ser buenas, pero quiero pensar que no sabía dónde se metía desde un principio. Por cierto, mejor vedlo en versión original y subtitulada, pues crea mejor sensación que escucharlo en castellano, con la voz del doblador de Homer Simpson

¿Qué opináis vosotros?

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