Miguel Ángel Jenner¿Cuántos de vosotros, amantes de la tarantiniana Pulp Fiction, retenéis fielmente en vuestra cabeza la voz de Samuel L. Jackson recitando el pasaje bíblico del Libro de Ezequiel 25.17. antes de liarse a tiros? Un momento único de la película que, también en su doblaje al castellano, nos sigue pareciendo mítico. El artífice de que le pongamos voz al bueno de Samuel y a muchos otros, como Morgan Freeman, Jean Reno y Marlon Brando -en la restauración de la saga de El padrino– es Miguel Ángel Jenner, uno de los grandes del doblaje español. En esta entrevista hace un recorrido a sus trabajos más curiosos y nos desvela cuál de los actores a los que dobla es su preferido -ah, y el de los taxistas…-.

Lo primero y lo menos que podemos hacer ante una eminencia del doblaje como usted es agradecerle ese toque especial que da a todos sus personajes.  Y, por cierto, aunque sabemos que es difícil elegir, ¿con cuáles se queda?

Lo de eminencia me suena clerical y yo soy más de la farándula, pero gracias igualmente. Y es cierto, es muy difícil elegir, pero aunque solo sea por afinidad me quedaría con Samuel L. Jackson.

Más de tres décadas de carrera dan para mucho… ¿Sabría decirme cuántos trabajos de doblaje ha realizado hasta ahora?

Pues a ojo de buen cubero calculo que unos tres mil o más.

¡Qué barbaridad! Suponemos que se tendrá que cuidar mucho la voz como herramienta de trabajo, y más teniendo en cuenta que, por ejemplo, ha llegado narrar hasta 17 horas del audio-libro de Los hombres que no amaban a las mujeres —primera novela de la saga Millennium—. ¿Lleva a cabo algún “ritual” previo a una sesión de doblaje?

He tenido la suerte de nacer con unas facultades vocales muy resistentes. Rara vez en la vida me he visto afectado por una afonía, laringitis u otro tipo de dolencia que me impidiese realizar mi trabajo. No obstante, es importante señalar que sí tuve un grandísimo maestro de canto, Robert Jeantal, que me enseñó a sacarle el máximo partido al aparato fonador sin llegar a forzarlo nunca. Las 17 horas de Millenium, como es obvio las grabamos por etapas, como el Tour de France. Y no suelo tener mayor ritual antes de iniciar el trabajo que el de comprobar que tengo un guion delante y que el micro y la imagen funcionan correctamente.

Ya que tenemos la oportunidad de saciar nuestra curiosidad, nos aprovecharemos un poco… ¿Nos podría decir qué escena le ha parecido más difícil, cuál más divertida, cuál más triste y cuál más picantona?

Eso es casi trabajo de archivero porque si algo bueno tiene nuestro oficio es que cada día que trabajas te enfrentas a una nueva historia y a un nuevo personaje. Si debo recordar dificultad rescataría a Audrey, la planta carnívora de la Tiendecita de los Horrores. Divertidísimo fue todo el doblaje de Pulp Fiction, del cual disfrutamos encantados todos los participantes. Tristes ha habido muchas, pero me quedaría con la mayor parte de La vida es bella, película que tuve el privilegio de adaptar y dirigir en su versión castellana. Y picantona… no recuerdo ninguna en especial entre tanto tabasco.

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En ocasiones, los actores gustan de conocer en persona a sus dobladores e incluso les llegan a tener una gran admiración y un cariño especial —como por ejemplo sucede con Woody Allen y su voz española, Joan Pera—. ¿Ha tenido la oportunidad de conocer a alguno los intérpretes a los que dobla?

No se ha dado el caso todavía, aunque no me doy por vencido y espero conocer alguna vez a Samuel para poder agradecerle el hermoso viaje que me ha permitido realizar junto a él a través de la mayoría de sus trabajos.

Precisamente, recuerdo de manera especial un día en el que estaba en un restaurante y, con una columna de por medio, me quedé alucinada al sentir que tenía al mismísimo Woody Allen comiendo al lado. Finalmente supe que era Joan Pera. ¿Le sucede a menudo que reconozcan su voz? Seguro que le habrá dado una alegría a más de un fan de Pulp Fiction que se haya cruzado en su camino…

Pues sucede con cierta frecuencia, sí. Ya he contado alguna vez que el colectivo más despierto auditivamente suele ser el de los taxistas, por la sencilla razón de que trabajan de espaldas al cliente y se guían mucho por la voz. Entonces se giran y suelen decirte: “Su voz me suena, ¿usted dobla películas, verdad?” Pero bueno, hay muchos más. Y ya he perdido la cuenta de las veces que me han pedido que recite el monólogo de Ezequiel 25.17. en los más diversos entornos…

Por otro lado, ha sido también la voz de Kopponen, el villano de Tadeo Jones, donde ha trabajado junto a su hija —la actriz Michelle Jenner— ¿Qué tal la experiencia? ¿ha aprendido más el maestro del alumno o viceversa?

Tadeo Jones fue un trabajo muy gratificante por ser una excelente película de animación. Hace ya algunos años que decidí dejar la dirección de doblaje de modo continuado, pero de vez en cuando acepto encargarme de proyectos especiales como este que son un disfrute. En cuanto a lo de trabajar con mis hijos, pues los dos se dedican a lo mismo, es algo que no me cansaría de hacer jamás. Llevan muchos años ejerciendo la profesión y están repletos de talento.

Cambiando de tercio… Entrando en el manido debate sobre la conveniencia de llevar a las salas y a la televisión más películas y series en versión original, ¿cree que se esto se irá instaurando paulatinamente hasta llegar a asemejarnos a otros países europeos?

La gran ventaja del progreso tecnológico es que pone al alcance del espectador los medios precisos para poder elegir el modo en que quiere ver las películas. Y eso es lo fundamental, la libertad de elección. Si uno domina el idioma original de la cinta es lógico que aprecie en su plenitud la V.O. de la misma. Si, por el contrario, no entiende dicho idioma y prefiere verla doblada, también importa que pueda hacerlo. En cuanto a la progresión de una tendencia u otra, eso no es más que un cambio de hábitos culturales. Hay países en los que no se dobla nada, los espectadores no tienen esa opción entre las posibles y ya está. Pero desmiento lo de que solo se dobla en nuestro país. Hay grandes sectores del doblaje en Alemania, Francia, Italia y muchos otros lugares.

¿Y lo ve como una amenaza a su sector o cree que existe un punto de equilibrio?

La cultura nunca puede ser una amenaza, solo un enriquecimiento. El día en que la mayoría de la población domine el inglés y no sea necesario doblar las versiones originales de ese idioma será un buen día, pues indicará que somos un país bilingüe. Pero falta mucho para eso, y son muchos otros los idiomas en los que se hace cine y muchos otros los productos audiovisuales que necesitarán siempre de un buen doblaje.

A la hora de doblar una película, ¿se tienen que ajustar totalmente a la original o hay variaciones? Y no me refiero únicamente a las dificultades por diferencias lingüísticas, sino a si en España somos más mojigatos…

El mandamiento número uno de nuestra profesión es ser siempre infinitamente fiel a la versión original. A partir de ahí hay que salvar las lógicas distancias que imponen las diferencias lingüísticas sin alejarse más que lo estrictamente imprescindible del guion original y de la interpretación de los actores.  Y yo diría que no somos más mojigatos, ni menos. Somos fieles al original.

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Después de esto, no podemos evitar recordar este momento… ¿os gusta tanto como a nosotros?