monuments menTras Los idus de marzo, el galán George Clooney vuelve a ponerse tras la cámara en su último largometraje Monuments Men. No pierde la oportunidad y se dirige a sí mismo como protagonista y le acompaña un elenco de actores estrella como Matt Damon, John Goodman, Jean Dujardin, Hugh Bonneville o Bob Balaban. También guarda un espacio para la representación femenina gracias al personaje que interpreta al recién galardonada Cate Blanchett y da un empujón a la carrera de un desconocido Dimitri Leonidas. Sin embargo, y a pesar de esta tarjeta de presentación, a la cinta de Clooney la están poniendo a caer de un burro, tachándola de aburrida, monótona, sin vida, sin alma… y demás lindezas que estropearían el desayuno a cualquiera, pero ¿por qué? ¿Hay motivos para semejante desdén?

Primeramente, conviene recordar la trama: ambientada en los últimos momentos de la II Guerra Mundial, nos la desconocida historia de un grupo de hombres que recorrieron Europa entre bombas y trincheras para conseguir salvar y proteger las obras de arte, rescatándolas de las explosiones y demás consecuencias de la guerra, así como de las manos –o el fuego- de Hitler.

Como planteamiento inicial, Monuments Men vende. Un suceso real apenas conocido y muy digno de ser contado. Además, Clooney sabe crear una puesta en escena que enseguida atrapa al espectador, con unos personajes que colaboran mucho –exceptuando los nazis y rusos que son los típicos tópicos que ya huelen- gracias, en gran parte, al carisma de las personas que le dan vida. Hasta ahí todo va bien, tus palomitas van desapareciendo y en tu mente oyes “pues no entiendo tan mala crítica, a mí me está gustando”. No te confíes, porque según va avanzando la trama, llegando a la mitad del film, el gancho se afloja, las situaciones se vuelven previsibles y empiezas a frustrarte al ver como se está desaprovechando tanto la historia, como se va perdiendo un film que podría haber aspirado a mucho más de lo que realmente se está convirtiendo. Y es en ese momento, en el que te acercas al final en el que nuestro amigo George, se vuelve a poner las pilas y nos engancha de nuevo, permitiéndonos acabar la cinta sin sentir que hemos tirado el dinero, pero con un sabor de boca un tanto agridulce.

monuments2A Monuments Men le sobra originalidad y carisma, pero le falta arriesgar en el desarrollo de la cinta, un poco de nervio que nos remueva algo –la risa, la indignación o el corazón-, explotar al máximo los caminos que empieza. Un film que podía haber resultado digno de ver se queda solo en una película entretenida, en mero divertimento del que recordaremos un par de momentos finos. Si algo eliminaría de esta cinta, serían esos momentos patrióticos que hinchan el orgullo a los americanos pero vuelven la cinta vulgar, así como esos discursos manidos y realmente vacíos que Clooney pone en boca de su personaje.

Sinceramente, creo que no es tan mala cinta como dicen algunos y ha sido castigada por no superar las expectativas puestas en su reparto. No obstante este último largo del cineasta no deja de ser mediocre, así que no esperes de ninguna manera una nueva versión de Malditos Bastardos, la comparación es ya de por sí odiosa -pero aviso por si corréis el error de creer en que tiene un cierto aire antes de ir al cine-, porque si algo tiene la cinta de Tarantino –bueno, tiene muchas cosas, pero una en especial- de lo que carece Monuments Men es de una pieza fundamental en un puzzle de “buenos y malos”: un Hans Landa que hiela la sangre cada vez que aparece en pantalla. Tome nota, señor Clooney y la próxima vez cree un antagonista que provoque algo que no sea risa.

Y tú, ¿qué opinas de Monuments Men? ¿Crees que se merece tanta mala crítica? ¡Opina!