O por qué la cinta más relevante del año corre el riesgo de convertirse en el nuevo ‘Avatar’.

Ya estamos aquí otra vez. Este fin de semana volvemos a probarnos la corbata, repasamos la documentación y cambiamos el ritmo de sueño, ¡porque de nuevo han llegado los Oscar! Durante los cortos años que llevo cubriendo la información cinematográfica, estos premios siempre me han generado una simpatía especial… Quizá sea por dos razones: la primera es que son una forma de escapar de la rutina -ya de por sí poco rutinaria en este oficio-, y la segunda es que son un referente cinematográfico y vital de mi infancia que se prolonga en la edad adulta. Cómo me maravillaba levantarme de la cama -sin edad aún para trasnochar- y darme cuenta de que en América, otro país en el que se funcionaba con otros horarios, habían entregado unos premios dorados a las mejores películas del año. Entonces no había para mí ni Globos de Oro ni premios de los gremios. Solo los Oscar. Y eran tan importantes que se asomaron a la foto del periódico de mi colegio, que yo mismo edité y maqueté durante un tiempo. Un periódico mensual.

Y sí. Aquí estamos otra vez. Los premios de la Academia cumplen 86 años y se proponen homenajear a los héroes de la pantalla, siempre bajo la atenta batuta de Ellen DeGeneres. En España cualquier cineasta es un héroe, aquí una ceremonia así duraría días, pero en Estados Unidos se centrarán en homenajear a esos superhombres que han poblado la pantalla desde las primeras proyecciones: desde Supermán a Batman, pasando por Gladiator o Atticus Finch, el abogado de las causas perdidas en ‘Matar a un ruiseñor‘. También se rendirá tributo a ‘El mago de Oz‘, que cumple 75 años, y por el escenario veremos desfilar a los actores que ganaron el año pasado –Daniel Day-LewisJennifer LawrenceChristoph Waltz y Anne Hathaway– para entregar las estatuillas pertinentes a sus sucesores. Habrá también entregadora española, Penélope Cruz, y no sabemos si será la encargada de leer el ganador al Mejor Corto de ficción, categoría en la que el también español Esteban Crespo tiene muchas posibilidades por ‘Aquel no era yo‘.

gravity-sandra-bullock

La hora de la tesis

Repasadas las generalidades de la ceremonia que se celebrará en el teatro Dolby de Los Ángeles, y que veremos en Canal +, llega la hora de apuntalar la tesis que encabeza este texto. Y esa tesis se llama ‘Gravity‘. La película de Alfonso Cuarón -más que una película, un tratado- se estrenó el pasado mes de agosto como cinta inaugural de la Mostra de Venecia. Ese lugar de privilegio suele estar reservado a cintas vistosas que no alcanzan las cotas del llamado ‘cine de culto’, que no pasan los estándares de la competición sesuda que caracteriza a los festivales. Pero ‘Gravity‘, siendo como es puro entretenimiento durante 90 minutos, sorprendió al público del Lido por su atrevimiento técnico y filosófico, ambos de sobresaliente. Cuarón tardó siete años en ingeniar el aparataje que le permitiría rodar su cinta, y supo combinar esa ambición material con la hondura argumental, reflexionando sobre el destino del hombre y su lugar en el mundo.

12 años de esclavitud‘ acumula 10 nominaciones, una menos que ‘Gravity‘. Es una película notable, de factura y actuaciones impecables, que vio la luz en el pasado Festival de Toronto. Pero sabiendo que asistíamos a una obra de factura casi perfecta, todos teníamos la impresión de estar viendo un material ya conocido. El recuerdo de ‘Django desencadenado‘ en la retina y una estructura terriblemente clásica convirtieron la cinta del inglés Steve McQueen en aquello que ‘había que ver…’ pero que ‘no aportaba nada que no hubiésemos visto ya’. En cuanto a ‘La gran estafa americana‘, también con 10 candidaturas… ¡qué podemos decir! Las virtudes de la película de David O. Russell residen en su plantel de actores protagonistas, permanentemente lastrados por una historia que no nos ayuda a identificarnos con sus personajes.

dallas-buyers-club-matthew-mcconaughey-slice

Pero ahí está ‘Gravity‘. Y ahí está Sandra Bullock que, esta vez sí, merece el Oscar a la Mejor Actriz por el esfuerzo de pasar semanas colgada de arneses par dar vida a la doctora Stone. Y también por el resultado. Sutil y emotivo. Oscar a la Mejor Película, a la Mejor Actriz y al Mejor Director -sin hablar de los técnicos- sería un palmarés con el que un servidor se sentiría más que satisfecho este domingo. La estatuilla al Mejor Actor debería llevar el nombre de Leonardo DiCaprio, el protagonista de ‘El lobo de Wall Street‘, pero nadie se extrañará de que la Academia quiera pasar la mano por el lomo al reconvertido Matthew McConaughey, que borda al protagonista de la interesantísima ‘Dallas Buyers Club. Y si hay que escribir la carta a los Reyes Magos, el remate sería encontrar entre los premiados a Michael Fassbender, el malvado esclavista de ‘12 años‘, y a Julia Roberts, la hija mayor de Meryl Streep en ‘Agosto‘.

El tiempo pasará…

Pero los Oscar pasarán, el domingo pasará, y ya estaremos corriendo de nuevo en la carrera del año que viene. Y si premiamos a ‘Gravity‘ -ese plural no indica que yo sea académico, es que todos los somos un poco- estaremos premiando a una película relevante, hija tecnológica y filosófica de su tiempo; y si premiamos otra película -no sé, la extraordinaria pero pequeña ‘Nebraska‘, la televisiva ‘Philomena‘, la a ratos rectilínea ‘Her‘…- estaremos premiando un nuevo ‘Argo‘: es decir, estaremos premiando a una cinta que realmente no aporta demasiado al avance del cine. Ya que no se puede volver atrás en el tiempo… ¡premiemos al nuevo ‘Avatar‘! Y no dejemos que, como entonces, nos dé miedo premiar solo a la técnica. En ambos casos, la forma es condición indispensable para lograr un gran fondo.