Roald DahlQuizá muchos de vosotros sepáis la respuesta pero a la gran mayoría os resultará una amalgama de títulos sin ningún vínculo. Si esta cuestión ha despertado vuestra curiosidad, sabed que todavía podemos ampliar este variopinta conexión añadiendo a la lista nombres como Harry y la fábrica de chocolate, Las brujas y Relatos de lo inesperado.

El nexo de historias tan dispares como la de los traviesos Gremlins, la inteligente y entrañable Matilda, la fábrica de golosinas de Willy Wonka y el bizarro final de Four Rooms es, ni más ni menos, que la prodigiosa mente del autor de todas ellas: el escritor británico Roald Dahl (1916-1990), quien supo compaginar a la perfección macabros relatos para adultos, cuentos nada típicos para niños y guiones de cine y televisión.

El origen de Los Gremlins

GremlinsUna muestra de que sus obras infantiles nunca fueron nada convencionales son Los Gremlins. Este fue su primer libro para los más pequeños y en él dio a conocer a unas criaturas que, aunque ya formaban parte de la mitología de algunos países anglosajones y del folclore de la Royal Air Force británica (RAF), nos empezaron a conquistar gracias a Dahl.

El libro había sido encargado por Walt Disney para una película titulada Gremlins que, no obstante, nunca llegó a buen puerto por problemas con los derechos de autor y algunas cláusulas de la RAF. Tras quedar este primer proyecto en el olvido, finalmente llegarían en 1984 y 1990, de la mano de Joe Dante y con un argumento diferente, las famosas cintas en las que se narran las desventuras del achuchable Gizmo y sus saboteadores ‘amiguitos’.

Más suerte tuvo con la adaptación a la pantalla grande de su segundo libro para niños. La idea de tener una fábrica de chocolate le acompañó desde los 13 años. Y es que, estando en el colegio, la marca de chocolates Cadbury enviaba cajas de sus nuevos productos a la escuela para que fueran probados por los alumnos. Dahl empezó a soñar con inventar una nueva barra de chocolate que conquistase al propio señor Cadbury, lo cual le sirvió como inspiración para escribir Charlie y la fábrica de chocolate. Que levanten la mano aquellos a los que todavía les sigue deleitando la posibilidad de bañarse en praliné y tener barra libre de dulces para siempre

Four Rooms

La apuesta del meñique

Además de deleitarse pensando en historias donde los niños se vengan y salen victoriosos frente a los malvados adultos –como sucede en Matilda y Las brujas–, escribió cuentos para adultos donde primaban el humor negro y los finales impactantes. Uno de sus relatos, Hombre del Sur, conquistó al mismísimo Tarantino, quien lo usó para la historia final de Four Rooms. Dahl narra la historia de un extraño anciano que hace una apuesta con un veinteañero. Si el chico puede encender su mechero diez veces seguidas, ganará un Cadillac, pero, si no lo consigue, perderá el dedo meñique de su mano derecha. ¿A qué os suena?

En los años 60 explotó su faceta de guionista y no le fue nada mal. Dos de sus trabajos más famosos fueron la película de James Bond Solo se vive dos veces y Chitty Chitty Bang Bang, ambas adaptadas a partir de las novelas de Ian Fleming.

Y vosotros, ¿conocíais su relación con el cine?