que vienen los rusosLa suerte es muy injusta en esta vida. Eso es algo que se magnifica todavía más en profesiones como las de interpretación, dirección o el arte. Por fortuna, el éxito y la popularidad le llegaron en la vejez -más vale tarde que nunca- a Alan Arkin, el abuelo de la Pequeña Miss Sunshine y el productor de Hollywood de Argo (2012), en sus cintas más famosas. Por ambas obtuvo sendas nominaciones al Oscar, llevándose el gato al agua en la del año 2006. No obstante, ya había demostrado su valía con su debut, en un papel que le brindó su primera candidatura a la estatuilla, 40 años antes, en ¡Que vienen los rusos! (1966).

El largometraje dirigido por Norman Jewison ridiculiza la Guerra Fría y la plantea reducida a los miedos y prejuicios de unos contra otros, pues nadie tiene la intención a priori de hacer daño. El mensaje que transmite es una crítica clara de que los conflictos bélicos no son queridos por nadie e incluso ayuda a que nos demos cuenta de que somos iguales en lo más esencial que afecta a la condición humana. Hasta aquí puedo leer, pues todo ello se muestra en este film cuyo reparto destaca más por su coralidad y unión que por sus personajes individuales, aunque son Arkin y Eva Marie Saint los rostros más conocidos.

En dicho período beligerante, que abarca desde el final de la II Guerra Mundial hasta la caída del muro de Berlín en 1989, cualquier incidente o chispa podía servir para prender la mecha de la definitiva contienda mundial entre la URSS y el bloque occidental de Estados Unidos. De hecho, a punto estuvo la situación de estallar con la crisis de misiles de Cuba. Esta paz tensa fue el germen de bastantes proyectos cinematográficos que parodiaban el tiempo que se vivía. Los mejores, posiblemente sean ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (1964), de Kubrick, y Uno, dos, tres (1961) de Billy Wilder. No obstante, os recomiendo también como alternativa esta simpática y entretenida cinta.

Faltaba un GPS en el submarino

alan arkin, que vienen los rusos

Todo comienza cuando un submarino ruso, sin intención de matar ni de invadir, llega a Nueva Inglaterra y sus tripulantes se ven perdidos en la costa. Obviamente, ni los soviéticos saben que están en suelo americano ni los anglosajones piensan que vienen en son de paz, lo que da lugar a una serie de comprensibles malentendidos, basados en el puro miedo y desconocimiento. Un film que quizá peca de simpleza en el argumento y cuyo guion pensado más para que la gente pase un buen rato que para criticar en demasía esa calma tensa que vivía la población. A pesar de su falta de contundencia, el texto deja claras sus ideas pacifistas, algo que premió la Academia con una de las cuatro nominaciones a los Premios Oscar que obtuvo el film, además de a Mejor Película, a Arkin, y al Montaje.

Quizá es un poco larga en su metraje, pues lo que cuenta en dos horas se puede tratar en una y media. La dirección tampoco es todo lo hábil que podría ser a la hora de conjuntar los sucesos de los diferentes personajes. Se nota que Jewison hace muy buenos dramas como Huracán Carter (1999) o En el calor de la noche (1967), pero en cambio no tiene la misma habilidad para crear comedias desternillantes. No diríamos esto si no tuviéramos delante una película con un argumento similar en algunos aspectos y bastante más divertida, como es 1941 (1979), de Spielberg.

Arkin obtuvo la nominación porque cada vez que aparece en pantalla se nota la diferencia con sus compañeros de reparto, pero realmente es un film en el que la idea y el conjunto es lo que predomina sobre los personajes, caracterizados de forma tópica y poco compleja.

Dicho eso, volvemos a reiterar que os la recomendamos por puro entretenimiento y por algunas escenas particularmente buenas, como su final. ¿Qué opináis de ella?

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