401237dersuoc9Normalmente, uno piensa que el ser humano y el mundo han perdido totalmente la cordura y la razón. La autodestrucción en la que nos sumimos a diario y el desprecio por la naturaleza que nos rodea son hechos que deberían avergonzarnos. La obra maestra que comentamos hoy ganó el Oscar a Mejor Película de Habla No Inglesa representando a Rusia (por aquel entonces la URSS). Pero realmente, este film es más que una película: es el reencuentro con la bondad y sencillez del ser humano, con lo mejor de nosotros. El gran Akira Kurosawa presentó en 1975 la historia real de Dersu Uzala (El cazador).

El proyecto llevaba mucho tiempo estancado, hasta que la Academia de cine rusa contactó con el director japonés Akira Kurosawa, muy afamado y con mucho recorrido pero cuyos últimos trabajos distaban mucho de ser lo mejor de su carrera. La adaptación de la novela Dersu Uzala, que constituyen las memorias del explorador Vladimir Arseniev en las que narra su historia con el bondadoso hombre del bosque, supuso el resurgir del ave fénix para el realizador nipón, en la primera incursión cinematográfica que realizaba fuera de su país. Esta le otorgó suficiente impulso para llegar a rodar otros de los mejores títulos de su carrera como Ran (1985) o Los sueños (1990). El Oscar por esta cinta fue el único que consiguió en competición y el segundo en total, junto al honorífico. Como otros grandes directores de la historia, nunca recibió el Oscar a Mejor Director.

Esta coproducción rusa y japonesa ahonda en temas trascendentales con el ser humano: su ancestral y lógica comunión con la naturaleza, medio donde siempre ha sobrevivido y en el que se ha desarrollado, la conexión con las energías y fuerzas del medio ambiente o la progresiva deshumanización del hombre, que poco a poco va perdiendo libertad al someterse a reglas y a la estabilidad de los pueblos o ciudades.

Un hombre bueno

dersu uzala

En una estructura circular, en la que principio y final del film se relacionan, Kurosawa muestra en imágenes la expedición comandada por el cartógrafo ruso Arseniev para registrar vastas e inexploradas zonas de los Urales. De improviso, como caído del cielo, llega hasta ellos un bonachón y regordete cazador mongol que se ofrece a guiarlos por unos terrenos muy peligrosos. En jornadas maratonianas e infernales en la que se juegan la vida entre fieras salvajes y temporales invernales, la amistad y el compañerismo nace él y estos hombres de ciudad acostumbrados a placeres artificiales. Todo ello mediante un guion con las palabras justas, bien adaptado y con Yuri Solomin y Maksim Munzuk demostrando una muy buena química en pantalla, donde se aprecia una técnica de fotografía muy depurada.

Una película que, aunque pueda parecer lenta, tiene el ritmo pausado y constante de una grabación de excursión aventurera e histórica, en la que en cualquier momento puede suceder cualquier cosa. Para disfrutar sin prisa y observando cada detalle e intuición que se superpone junto a la trama. En definitiva, una de esas cintas que hay que ver para reconciliarse con el ser humano y recordar la belleza del medio ambiente que nos rodea.

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