LA_LEY_DEL_SILENCIO

Los directores de cine tienen muy claras las ideas que quieren transmitir con sus creaciones antes de intentar plasmarlas en la pantalla, incluso cuando uno quiere defender actos de dudosa moralidad, como una traición. El realizador americano de origen griego Elia Kazan intentó justificar su conducta con su obra maestra La ley del silencio (1954). En ella, un exboxeador (Marlon Brando) tiene problemas de conciencia y se debate entre mantenerse callado o delatar a Johnny Friendly, un mafioso que controla a su antojo el trabajo en los muelles de Nueva York.

La escena mítica que recordamos hoy es una de las más intensas de la historia del cine. Durante cuatro minutos, el otrora púgil Terry Malloy conversa con su hermano Charlie (Rod Steiger), otro empleado de Johnny, que intenta convencerle de seguir fiel a él. En ella, ambos se echan cara la mala vida que han llevado, especialmente Terry, quien le reprocha el no haber sido campeón de su peso por un combate amañado. De héroe a un villano que ahora busca la posibilidad de redimirse ante Dios, encarnado por la figura del padre Berrie (Karl Malden) y la hija de una de sus últimas víctimas (Eva Marie Saint).

Kazan buscaba también esa redención recubriendo con una historia trágica el haber delatado ante el Comité de Actividades Antinorteamericanas a varios compañeros de profesión con los que había coincidido en el Partido Comunista y que fueron acusados de ello, perseguidos por aquel entonces en plena Guerra Fría. Pese al arrepentimiento de Kazan, a la multitud de nominaciones de la cinta -8 Oscars, entre otros- y a la situación comprometida en que se hallaba, parte del gremio aún no le ha perdonado. Es más, e día que recogió su Oscar honorífico, en 1998, gran parte del público se quedó sentado, sin aplaudir y mostrando su rechazo hacia su acción. Aquí os dejamos una gran escena memorable:

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