la isla minimaMucha gente opina que esta película se asemeja bastante al estilo de True Detective. Yo, como no he podido ver aún la multipremiada serie americana, no puedo confirmarlo ni desmentirlo. Lo que sí os diré es lo que me ha parecido en su conjunto el premio Feroz de Mejor película para la crítica especializada de San Sebastián: La isla mínima es una obra maestra del cine español más reciente, actualizada por influencias del cine negro clásico americano y del frenesí más asiático. Fascinante, de esas historias que te mantienen pegado al sillón sin pestañear.

No se recuerda nada así en el cine patrio. Lo más parecido fue el fenómeno de Celda 211. Si bien es cierto que el argumento y la trama no parecen nada diferentes a otras muchas cintas de policías e investigación, es la forma y la envoltura del contenido lo que hace destacar la historia hasta niveles de tener el corazón en un puño desde la mitad del film hasta el final, como una tormenta que se va formando hasta estallar y sin saber del todo qué consecuencias tendrá, con un final más inquietante de lo que parece.

La tensión desde el comienzo de la película puede cortarse con un cuchillo. La atmósfera siniestra, de insignificancia en el mundo, que además se va acentuando conforme transcurre todo, es un golpe maestro del film, que sumerge al espectador en una especie de hipnosis, a base de preguntas, incógnitas y de la magia propia de los rincones más perdidos de nuestro país, en una ambientación auténtica de la España más profunda, rural y oculta entre marismas, donde los conflictos sociales, las personalidades y las técnicas de investigación policiales de principios de los 80 están perfectamente recreadas.

Sobre ángulos de cámara y magistrales interpretaciones

El thriller se caracteriza además por una fotografía recientemente premiada en San Sebastián, mágica, hermosa y a la vez visceral. No hay más que observar los créditos iniciales, donde se ven los planos aéreos de una zona que se parece mucho al corte de un cerebro. Unas imágenes que no dejan indiferente y son, precisamente, esas escenas que se alejan hacia arriba, con planos cenitales tomados desde el cielo, con una banda sonora existencialista e íntima, las que más chocan y atraen al espectador, aportando esa sensación de vacío, de miedo y soledad.

isla-minimaEl tratamiento de las escenas de violencia y acción incluye realismo y elegancia, mientras que los aspectos técnicos se encuadran perfectamente en la época histórica, sin tanta tecnología como ahora y en un país que entraba en democracia con viejas infraestructuras de la época franquista. Por su parte, el guion, con algunos tópicos policíacos, plantea de forma gradual continuos enigmas y respuestas en forma de pequeños detalles de cada escena que involucran al espectador en el caso, haciéndose en general ameno y dejando un nudo en la garganta en muchas ocasiones. Deja los momentos justos para plantear el aspecto humano de cada personaje, sin regodearse en ello pero fundiéndolo con el argumento principal.

En cuanto a los intérpretes, simplemente están magníficos, en especial la pareja protagonista, Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez, este último ganador de la Concha de Plata a Mejor Actor en el Zinemaldia 2014. Conociendo desde hace tiempo las habilidades y cualidades del primero, ya candidato en varias ocasiones a los premios grandes del cine patrio, es mayor la sorpresa, agradable y merecida por otro lado, con el segundo, más centrado en teatro y televisión, aunque este papel parece que le dará un empujón definitivo. Sus personajes reflejan a la perfección los ideales de todo policía: seres dados a su trabajo, complejos, con sentimientos encontrados y amantes de sus seres queridos, pero deseando redimir sus pecados pasados y presentes. La también gallega  Nerea Barros es otro descubrimiento como una interesante actriz a la que seguirle la pista.

Por poner algunas notas negativas, diremos que la introducción, más ralentizada por necesidad, puede alargarse demasiado, que no termino de considerar actor a un chaval como Jesús Castro que, al igual que en El niño, solo pone cara de chulo y actúa como tal, y que Antonio de la Torre está un poco desaprovechado en un papel pequeño pero importante.

Alberto Rodríguez, en su quinto largometraje, puede haber logrado la tan ansiada excelencia como realizador. ¿Qué pensáis vosotros?

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