Atrapa-a-un-ladron1_cartel_peliGrace Kelly fue una de las divas indiscutibles del Hollywood clásico. Su elegancia y belleza indiscutibles encandilaron al mismísimo Alfred Hitchcock, con quien trabajó hasta en tres ocasiones. Hoy mismo hubiese cumplido 85 años y, por eso, aprovechamos para recordar  ‘Atrapa a un ladrón’ (1955), la última colaboración entre ambos.

Si tuviésemos que trasponer la elegancia y el encanto de Lady Grace al género másculino, sin duda estaríamos hablando de Cary Grant, otro de los actores fetiches de Hitchcock. Con este dúo protagonista y como telón de fondo  La Côte d’Azur nace esta historia cargada de intriga, amor, glamour y robos, muchos robos. Pese a que Cary Grant ya contaba con 50 años de edad durante el rodaje, no había perdido ni un ápice de su galantería y se paseaba por la Riviera Francesa en bañador interpretando a John Robbie, ‘El gato’, un exladrón de joyas. Por aquel entonces, Kelly que tenía tan solo 25 años pero ya encarnaba a Frances, una joven heredera que no le quitaba ojo, mirando por encima de sus gafas de sol de diseño.

La gran carga del pasado

John Robbie intenta llevar una vida apacible desde su casa ubicada en la Riviera Francesa, pero no se lo van a poner nada fácil. Desde el momento en que empiezan a producirse una serie de robos en los hoteles mas lujosos del lugar que parecen llevar su sello, se convertirá en el principal objetivo de la policía. Los agentes del orden y la ciudadanía se les echarán encima, sin ni siquiera darle el beneficio de la duda. Desde ese preciso momento, Robbie se enzarzará en una búsqueda incansable del auténtico ladrón que está llevando a cabo todos los robos y así demostrarle a todo el mundo que él hace mucho que no se dedica a ese tipo de negocios. Para ello ejecutará un plan infalible en el que sus objetivos serán, por un lado, el reconocimiento de su inocencia y, por otro, conseguir el amor de la chica.

7133Aunque no es una de las mejores películas del cineasta británico, entretiene y se deja ver. Técnicamente es intachable y la fotografía es de una belleza incalculable al rodar en paisajes de Niza y Cannes que retrata a la perfección ese pequeño paraíso que es La Costa Azul. De hecho, se llevó el Oscar a Mejor Fotografía. Además, los protagonistas interpretan de forma correcta sus papeles y la química entre ellos es más que palpable. Aunque el guion no es ningún prodigio, el filme aporta diálogos cargados de ese humor sutil, lleno de dobles sentidos y del que se desprende un ligero erotismo.

Atesora varias escenas memorables, como la de la plataforma en el agua donde dos mujeres se disputan la atención del caballero bronceado en cuestión, o la mítica secuencia del paseo en coche, en la que Grace Kelly conducía de forma rápida y abrupta por una estrecha carretera. Las malas lenguas dicen que es el mismo paraje donde más tarde la princesa de Mónaco perdería la vida a los 52 años en un accidente de coche.

La elegancia y el glamour en la cinta es otro detalle a tener en cuenta, pues el vestuario corrió a cargo de Edith Head, diseñadora que ganó un total de 8 Oscars por su savoir faire a la hora de elegir el outfit perfecto para cada momento en multitud de películas… y esta no fue una excepción.

Como curiosidad, Grace Kelly conoció a Rainiero de Mónaco durante el rodaje de este film y éste quedó hipnotizado por la belleza de la joven actriz y no es para menos…