Cinema_Paradiso-502451618-large¿Qué sería el cine sin su música? ¿Nos causaría el mismo efecto? ¿Sentiríamos la misma emoción  al ver a  Daniel Day-Lewis saltando de la cascada sin la mítica banda sonora de El último Mohicano fondo? ¿Se nos escaparía la misma lágrima al ver a Amelie preparando su tarta si no sonase de fondo la melodía de Yann Tiernen? Es fácil asociar cierta película a una música, son dos acompañantes inseparables que nos evocan el uno al otro y elevan aún más nuestro gusto por algo. Hoy cumple años uno de esos grandes compositores que durante décadas ha puesto ritmo a muchas de nuestras películas: Ennio Morricone.

Este italiano, nacido en Roma hace 86 años es el padre de multitud de bandas sonoras. Tiene tantas que algunas quizás ni nos sonarán, pero otras melodías las llevamos grabadas a fuego: su intervención en la trilogía del dólar de Sergio Leone es casi tan importante como las cintas en sí, imposible olvidar tampoco su participación en La Misión, Érase una vez en América, Los intocables de Elliot Ness, Días de cieloo uno de sus más recientes trabajos en La mejor oferta de Giuseppe Tornatore, con el que ya colaboró en uno de sus mejores y emotivos trabajos en la magnífica Cinema Paradiso. Esa cinta que nos transportó a un pueblecito siciliano para mostrarnos la relación entre Alfredo, operador de cine; y Salvatore, un niño que apasionado por este arte.

Hoy venimos a recordar esa escena final del film italiano, ese colofón de una película emocionante que a una servidora le hace llorar a lágrima viva sin poder contenerse, tal vez por la suma de amor, cine y música en tan solo tres minutos. ¿Lloraríamos igual a ver a Salvatore viendo los fotogramas de besos sin la música de Morricone? ¿Viviríamos igual el cine sin música?