Magia_a_la_luz_de_la_luna-261991236-largeY por fin llegó mi evento del año favorito. Un año después, tenemos aquí lo nuevo de Woody Allen tras Blue Jasmine, con los nervios que ello suscita, ¿será de las buenas? ¿Será de las malas? –no hay tantas de esas-. Y es que algo que muchos le reprochan al director neoyorkino es su incesante trabajo. Son varios los que creen que un periodo mayor entre película y película le ayudaría a mejorar la calidad de sus guiones. Puede ser, pero nunca lo sabremos, porque Allen ha dejado claro una y otra vez que este es su método y no lo piensa cambiar. Yo, por mi parte, me alegro de tener mi porcioncita del cineasta una vez al año y sí, he de reconocer a veces se pasa un poco de punto, otras veces sabe bien, pero otras… ¡ay! otras veces es sublime. Su último trabajo Magia a la luz de la luna, correspondería al segundo grupo, no es una obra maestra y no es comparable con las películas top del director y, sin embargo, es una cinta ágil, agradable y divertida.

El neoyorkino nos traslada a la Costa Azul francesa a los años 20 para contarnos la historia de Stanley, un mago británico muy escéptico que intenta por todos los medios desenmascarar a una presunta médium. Lo demás, hay que verlo en las salas de cine, pero hay magia, mucha magia. Allen se sirve de esta trama para tratar temas muy recurrentes en su filmografía: empezando por la magia, las clases sociales y sus típicas cuestiones existenciales ¿de dónde venimos? ¿Quiénes somos? Y, sobre todo, ¿a dónde vamos? ¿Tiene un propósito el universo? Sin hallar una respuesta tranquilizadora, el director arroja luz sobre la oscuridad que siembran estas preguntas en forma de magia, pero una magia real, que nos rodea a todos, incomprensible e irracional: el amor.

MITML-HUna gran banda sonora nos acompaña a lo largo del rápido film a ritmo de Jazz y movimientos de faldas al más puro estilo años 20 –el vestuario correa a cargo de la española Sonia Grande–, mientras un finísimo y perfecto caballero inglés Colin Firth da voz a los gags y desprende una química especial con la jovencísima Emma Stone con unos preciosos destellos bucólicos de fondo. Unos puntos fuertes que ensalzan una película sin grandes momentos, pero entretenida y ligera. No es una mala manera de matar el gusanillo hasta el año que viene.

Y tú, ¿qué opinas de los nuevo de Woody Allen?