laspruebasWes Ball vuelve a ponerse detrás de la cámara para rodar la segunda parte de las novelas del escritor estadounidense James Dashner que narra las aventuras de Thomas y sus amigos tras salir del misterioso laberinto y entrar en “La Quemadura”, un lugar muy chungo y peligroso lleno de gente extraña y zombies (porque aunque les llamen “los raros”, son zombies). El grupo de jóvenes emprenderán una intensa y sofocante huida de ese eje del mal llamado CRUEL cuya líder, Ava Paige, bien podría ser el alter ego de Joseph Mengele. Es decir, una mezcla de cine de acción dirigido a adolescentes con grandes dosis ciencia ficción, The Walking Dead y pseudo nazis.

Este distópico film, lejos de ser original, intenso y dejarte sin aliento, no pasa de ser algo que ya hemos visto muchas veces en diferentes películas, pero todo muy mezcladito, para que no se note, pero se nota. La segunda parte de El corredor del laberinto es convencional, tediosa y un auténtico sin sentido. Técnicamente podría tener su gracia, pero a niveles de guion es auténticamente previsible e insufrible, con situaciones y personajes tipo que no aportan nada y que se los ve venir antes de que aparezcan en pantalla. Además, su empachosa moralidad se vuelve absurda y alcanza su quintaesencia al personificarse en un protagonista con complejo de Mahatma Gandhi machacado en el gimnasio. Sin duda, es ciencia ficción, porque no hay quién se lo crea.

Ni la mitad del elenco de Juego de Tronos podría salvar esta cinta a la que, para más inri, le sobran muchos minutos de metraje para llegar a una conclusión que es capaz de provocar una tremenda frustración –SPOILER: ¿después de todo el camino recorrido hay que volver al principio? ¿De verdad?-. Apostaría a que Ball no va a ganar adeptos para su tercera entrega, es más, puede que incluso provoque la pérdida de interés entre los que ya tenía. Desde luego, yo sobreviviré sin saber cómo acaba.