narcos15a072015kg-wwwpizquitacom-000010a-002001-2_1e1dLa droga, vende. Vende igual que lo hace el sexo o la violencia, y esta es una verdad empírica que se reafirma en títulos como Breaking Bad, Juego de Tronos  o Cincuenta sombras de Grey. Sin embargo, vivimos en una sociedad visual donde un torso desnudo, una raya de coca o un cerco de sangre no nos supone ninguna novedad, por lo que llamar nuestra atención es cada vez más difícil. El “ya está todo inventado, ya está todo visto” es el reto al que se tienen que enfrentar millones de creadores para conseguir dar un toque a nuestro interés, para cruzar la línea que separa la mediocridad del éxito.

Hace poco ha aterrizado en nuestras pantallas una nueva serie dispuesta a despertar nuestra curiosidad,  Narcos, y por las críticas recibidas parece ser que ha conseguido ser merecedora de un hueco en la agenda de las series que hay que ver, pero ¿qué hace a Narcos especial?

Esta nueva creación concebida por Netflix viene a contarnos la llegada a la cima –y su consiguiente delicada caída- del capo de la droga Pablo Escobar y la creación del implacable Cartel de Medellín, así como la caza que se emprende contra él en Colombia por parte de la DEA y las autoridades del país. Si bien es cierto que el personaje protagonista ha sido ya objeto de un buen número de películas y series –dejemos los documentales a un lado-, Narcos ofrece una visión dual del conflicto cuasi civil que se vivió en Colombia. Por un lado, tenemos el enfoque del narcotráfico, con Escobar a la cabeza, un personaje apasionante per se por su ambivalencia personal en la que se mezcla carisma, conciencia social –un punto no demasiado explotado en la serie- y crueldad. Por otro lado, la perspectiva de “los buenos”, entre los que todo vale para acabar con la lacra que castiga el país, permitiéndonos ver ligeramente la idiosincrasia colombiana en cuestiones de política y seguridad y su relación amor-odio con los Estados Unidos. En resumen: acción, drogas, violencia, política, poder, sexo… todo en uno.

Creatividad y técnica en Narcos

narcos1No seré yo quien repita de nuevo su parecido con Godfellas, pero cabe destacar su narración en primera persona que nos guiará por una historia apasionante y altamente adictiva. Lejos de lo que podamos pensar, Escobar (Wagner Moura) no es quien cuenta su propia historia, sino el agente de la DEA, Steve Murphy (Boyd Holbrook), que junto a su compañero Javier Peña (Pedro Pascal), hará lo que sea por parar los pies al capo colombiano, cueste lo que cueste. Un tridente de personajes complejos, desechando el maniqueísmo, que son interpretados con soltura por los diferentes actores: Holbrook se acaba de hacer un nombre, Pascal demuestra que es más que Oberyn y Moura nos hace olvidar su horrible acento –brasileño- con su forma de fumar.

Un guion cuidado, mezclando brutalidad con humor negro y unas localizaciones -enmarcadas en una cuidada fotografía- que activan el imaginario colectivo, ponen la guinda técnica a este entretenido pastel que engulliremos sin piedad.

Conviene dejarse llevar por el realismo mágico que desprende esta serie capítulo tras capítulo, sin remordimientos, y mientras esperamos la segunda temporada, nos sorprenderemos tarareando su tema principal:  Soy el fuego que arde tu piel