La_gran_apuesta-129125490-largeAdam McKay abandona la comedia, a medias. Digamos que deja a un lado su lado más “absurdo” para apostar por un humor hiriente, ese que hace que nos riamos de cosas que no tienen gracia, sino que nos han llevado a la desgracia. Su apuesta no ha salido mal, pues ha conseguido la nominación a cinco Premios Oscar –incluyendo Mejor Película, Director y Guion Adaptado- y, pese a irse de vacío en los Globos de Oro, ha dado el campanazo a alzarse con el mayor galardón en los PGA, el premio del Sindicato de Productores… y ya sabemos que estos son muy premonitorios. ¿Conseguirá batir a El renacido o a Spotlight?

La última cinta del director estadounidense se contextualiza en los años previos a la crisis económica que comenzó en 2008, intentando explicar cómo se originó, pero aportando un rasgo más original a la filmografía existente sobre este tema al poner el foco en un grupo de personas que previeron la situación y se lucraron de ello. La única moralidad que podemos encontrar en este largo es la que pone el personaje que interpreta Brad Pitt –que la produce- al que está claro que le encanta encarnar papeles honorables. La amalgama de personajes, junto con las actuaciones que les dan vida (incluido el ojo falso de Christian Bale, el auténtico protagonista), alimentan una película que no gustará a los defensores del capitalismo y que hará reflexionar a más de uno sobre cómo funciona el mundo.

Se ha comentado que sin El lobo de Wall Street no existiría La gran apuesta y, puede que estas afirmaciones sean totalmente ciertas, sin embargo, hay que remarcar que cada cinta posee una esencia muy diferente, aunque es imposible no ver el evidente ejemplo que ha tomado McKay del maestro Scorsese a la hora de dirigir su último film. Quizás por eso, en este aspecto, la única pega que se le puede poner es la falta de personalidad, pero bueno,1401x788-BGS-02959R__ hay quien dice que la imitación es la mejor forma de admiración. El dinamismo que aporta el cineasta se recalca con un montaje absolutamente frenético que, junto a un guion enrevesado, muy difícil de seguir, nos obligará a pensar muy rápido. Sin embargo, pese a no entender nada, la historia consigue atraparte sin que te des cuenta mientras te estás preguntando qué está pasando, pero cuando las piezas -más o menos- empiezan a encajar, te empiezas a preguntar cómo fue posible.

La gran apuesta es un film poco accesible para aquellos que no tenemos mayor nivel de economía que el que hemos adquirido en las conversaciones de bar, pero que consigue sumergir al espectador en un frenético viaje por ese oscuro lugar llamado Wall Street.