spotlightHay veces que nos ponemos de cara a la pantalla con una idea equivocada de lo que vamos a ver, y eso siempre es un error. No puedes mirar una cinta de Buñuel con los mismos ojos que un film de Michael Bay, es algo totalmente incompatible. Al igual que es un error ir a ver Spotlight pensando que esta va a profundizar en un tema de abusos sexuales por parte de la Iglesia de Boston, porque la esencia del último largo de Thomas McCarthy no es esa, sino que pone el foco en un grupo de periodistas que se dedican a investigar sobre abusos sexuales relacionados con la Iglesia en Boston. Es un matiz simple, pero que si no se toma en consideración puede acabar con las expectativas puestas en este film. Una auténtica oda al periodismo.

El director y co-guionista apuesta por la sobriedad. Si bien no arriesga demasiado y evita retorcer en exceso la narración –lo que le puede llevar a ser calificado de convencional-, si podemos extraer del texto en el que se sostiene la historia la profundidad necesaria para mantenernos atrapados. Pese a su aparente simpleza, la tensión reside en la cantidad de retos que tendrán que afrontar los protagonistas serán los que sostendrán un film de actores, en el que ninguno de ellos desentona y permanece a la altura de las circunstancias que exige un largometraje tan serio. La cinta interacciona constantemente con el espectador al obligar a este empatizar y a preguntarse sobre los hechos que se suceden ante sus ojos y, lo mejor de todo, lo hace evitando el morbo. McCarthy derrocha elegancia.

Probablemente, Spotlight será calificada como una de esas “películas necesarias” que nos ayudan a ver lo que otros no nos dejan, pero no debemos quedarnos en el tema de los abusos sexuales, pues esta no es la primera ni la última cinta que tratará este tema, sino que también podemos disfrutarla como una epopeya periodística en la que un grupo de creyentes en su profesión moverán cielo y tierra e implicarán sus vidas en pro de descubrir una verdad que les ha sido negada.