ave cesar cartelLos Coen son los Coen. Su estilo es fácilmente identificable, ya sea en un tono cómico o dramático. Se puede vislumbrar su sello no solo en sus cintas, sino también en los guiones que no dirigen  como en El puente de los espías, de Spielberg. Al igual que en A propósito de Llewyn Davis, en su último largo se puede aplicar la máxima “si nunca ha sido nueva y nunca envejece” es una película de los Coen, porque estos hermanos se retrotraen al cine más clásico para contextualizar su historia y, como siempre, tienen un héroe, un héroe maldito. En este caso es Eddie Mannix (Josh Brolin) –el cual existió realmente- un ejecutivo de una Productora en los años 50 que pretende hacer frente a la televisión rodando grandilocuentes largometrajes. Mannix vivirá su personal vía crucis manteniendo el orden entre los directores, actores y la propia prensa, pero su mayor problema le llegará cuando la gran estrella de una superproducción de romanos sea secuestrada (George Clooney).

¡Ave César! corre el riesgo de ser subestimada si nos quedamos en la superficie. Es evidente que el espectador vaga perdido desde el principio por la trama intentando encontrar una respuesta a una pregunta cuya respuesta puede resultar simple y decepcionante, pero es que la respuesta no tiene la más mínima importancia, más allá de poner un final. El film de los Coen es una sátira desenfadada y gamberra del cine clásico y en ella encontraremos divertidísimas referencias a sus películas e, incluso, a sus protagonistas. Quizás hubiesen tenido que añadir al principio de largo la misma advertencia que en Fargo “por respeto a los vivos se han cambiado los nombres de los protagonistas”. Ni ellos mismos se escapan, ¿o es que acaso el plano de George Clooney limpiándose los dientes no es ya un clásico? Todos estos detalles contentarán a los cinéfilos y a los fans de estos hermanos de Minnesota.

ave cesarTambién hay hueco para la crítica, aunque siempre bajo su característica capa de humor negro. Se hablará de política, religión y del lado oscuro de Hollywood, todo lo que los focos no nos permiten ver a los espectadores y funcionará gracias a las actuaciones de un elenco brutal, del primero al último, entre los que brillan especialmente los veteranos Josh Brolin y Ralph Fiennes y un casi novato Alden Ehrenreich, totalmente crucial en la trama -tan crucial como lo será el tiempo-. En ellos recaerá el peso de los gags, siempre impregnados de los clichés del cine clásico que inundarán incluso los aspectos técnicos del film.

Ahora bien, si la pregunta es si estamos ante una obra menor de los Coen, la respuesta sea, probablemente, que sí. No es su mejor trabajo cómico, pero no por ello es menospreciable pues es capaz de captar a la perfección la esencia del imaginario colectivo sobre el cine clásico y convertirlo en humor y en crítica firmando una película para nada simple.