Todas y cada una de las reviews que había leído sobre la serie The OA apuntaban en una misma dirección: verla sin saber de qué iba. Y así lo hice. Creada por Zal Batmanglij y Brit Marling, y protagonizada por esta última, en The OA nos encontramos a un nuevo fenómeno de autor diseñado para la pequeña pantalla. Al igual que tradicionalmente sucedía en la industria del cine, no es descabellado vaticinar que pronto habrá que dotar de visibilidad a la categoría “serie de autor”.

El factor sorpresa de este producto made in Netflix es uno de los reclamos marketinianos que tan buenos resultados le están dando últimamente a la plataforma de VOD. A diferencia de otras campañas con una promoción extenuante y a cuentagotas, su puesta en marcha fue anunciada pocos días antes de que los ocho capítulos de su primera temporada estuviesen abiertos al público. No es casual. Y es que cuanto menos trascendiese mientras tanto, mejor.

serie the oa brit marling

Su punto de partida argumental es, a priori, sencillo. Una joven reaparece siete años después de ser declarada como desaparecida. Antes era ciega y ahora ha recuperado la visión. ¿Cómo lo ha conseguido? ¿Dónde ha estado todo ese tiempo? Ya tenemos gancho… o no. De hecho, una vez terminada comprendemos que esta descripción inicial no se corresponde en absoluto con lo planteado.

La verdadera trama de la serie The OA

El análisis, comprensión y alcance de las experiencias cercanas a la muerte. Ese concepto tan extraño como abstracto es el verdadero hilo conductor de una historia que combina el género negro, con la ciencia ficción y el drama. La serie The OA traspasa con amplitud la barrera de lo convencional para convertirse en una suerte de esbozo científico a medio camino entre El ciempiés humano (2009) y El árbol de la vida (2011). Aquel de todo menos convencional largometraje de Terrence Malick estaba protagonizado por Brad Pitt, quien por cierto se encuentra también detrás de la producción de esta serie. ¿Casualidad?

De una bella factura fotográfica, The OA cojea sin embargo en los personajes. Existe una falta alarmante de carisma en el conjunto que desluce este ejercicio de reflexión metafísica sobre la vida después de la muerte. Sus personalidades cambiantes, que rozan sin pretenderlo la bipolaridad por momentos, no justifican unos cambios de actitud que desgastan su crecimiento en la serie. Si bien es cierto que un concepto tan delicado no propicia la empatía con el espectador, da la impresión de querer abarcar más frentes de los que puede. Al menos en esta primera temporada.

The OA es una serie necesaria. Necesaria porque tendrá tantos seguidores como detractores. “La mejor serie del año”, ya se ha llegado a escuchar en algún medio. No me sorprendería encontrar de igual forma otras palabras menos agraciadas. Sin embargo, y más allá de que a mí me parezca también una afirmación totalmente desproporcionada, se agradece el paso que han dado Netflix y Amazon para encabezar esta nueva ola de “series de autor”. Parece que se ha abierto la veda. Y ya no hay quien lo pare.